Macron acelera la expulsión del país de los inmigrantes sin derecho a asilo

Crea fisuras en su partido al endurecer el control sobre extranjeros sin papeles


Redacción / la voz

Emmanuel Macron comienza a vivir en carne propia que contentar a todos es, sino imposible, muy complicado. Con la presentación este miércoles del relevo de la ley migratoria aprobada en el 2016 por su antecesor François Hollande, el actual jefe del Elíseo se ha ganado algunas voces contestatarias dentro de las filas de su partido, En Marcha. El guiño realizado a los más conservadores de la formación centrista con este proyecto de ley, que busca endurecer la política migratoria y de asilo, ha generado críticas en el ala de la izquierda moderada, que tildan de «represivo» el conjunto de medidas que tratan de revertir la tendencia al alza de peticiones de asilo en el país galo (que aumentaron un 17 % en el 2017 con respecto al año anterior). El diputado de la bancada de En Marcha Matthieu Orphelin, de hecho, habló de «hacer proposiciones para hacer más humanista un proyecto frío y brutal».

Este texto, que comenzará a ser debatido en la Asamblea Nacional en un mes, pretende acelerar la expulsión del país de quienes no tengan derecho al asilo y mejora las condiciones de acogida e inserción de aquellos que estén en situación regular.

A efectos prácticos, reduce de 14 a 6 meses el plazo medio para tramitar las peticiones de asilo y la disminución de un mes a dos semanas del margen previsto para presentar un recurso. Además, el texto aumenta de 45 a 90 días el período de retención para aquellos en proceso de expulsión, con el objetivo de dar más tiempo a las autoridades para negociar la repatriación con los países de origen.

El mayor control a los inmigrantes incrementa, también, de 16 a 24 horas el tiempo en el que una persona puede estar retenida hasta que se verifica su documentación e incluye multas de hasta cinco años de cárcel para quienes lleven un documento falso para permanecer en el país.

Calmar los ánimos

Aunque la nueva ley facilita la reunificación de los menores con sus padres y hermanos y da a los apátridas un permiso de estancia de cuatro años, el ministro del Interior francés, Gérard Collomb, tuvo que calmar los caldeados ánimos tras el revuelo generado en asociaciones de ayuda a los inmigrantes y órganos como la Corte Nacional del Derecho al Asilo y la Oficina Francesa de Protección de Refugiados, que ayer se manifestaron en repulsa de esta ley. Collomb aseguró que el texto es «equilibrado» y «retoma dos grandes principios: Francia debe acoger a los refugiados, pero no puede acoger a todos los inmigrantes económicos». Contra esta opinión, varios sindicatos piensan que las medidas «rompen con la tradición de asilo francesa».

Por su parte, y como era de esperar, el Frente Nacional de Marine Le Pen pidió más. Y el adjetivo que le puso a la polémica reforma migratoria fue «insuficiente» para frenar la ola migratoria.

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