El ourensano «Baran Galicia», el primer español que cae en Siria bajo fuego turco

Sus familiares desconocían que Samuel Prada combatía en el bando kurdo en Afrín


ourense / la voz

La noticia fue vivida ayer con estupor en la capital ourensana y con mucha pena por los familiares de Samuel Prada León. Con 24 años, este joven murió en Afrín, tras unirse a la principal milicia kurdosiria, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) -el brazo armado oficial del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán sirio-. En este enclave kurdo luchaba contra las tropas turcas y el Estado Islámico (EI). Samuel, que se hacía llamar Baran Galicia (lluvia de Galicia) en honor a su lugar de nacimiento, vivía desde hacía tiempo con su madre en Andorra. De allí partió para luchar contra la ofensiva de Ankara. Fue el pasado verano cuando el joven se unió a las milicias junto a otros europeos. Una circunstancia que desconocían sus familiares ourensanos -tíos y primos- que también se enteraron ayer a través de su madre de la muerte del joven, a pesar de que sucedió el pasado 10 de febrero. Es la primera víctima española de los 400 voluntarios extranjeros que están con los kurdos que cae bajo fuego turco.

«Vinieron desde miles de kilómetros de distancia para participar en la lucha contra la barbarie del EI en Royava (Kurdistán sirio) y demostraron su compromiso con la lucha y los valores socialistas universales hasta el último momento», informaban ayer las YPG en su página web oficial. Junto a él también perecieron Olivier François Jean Le Clainche, de nacionalidad francesa, y Sjoerd Heeger, que era holandés. Este último, dos días después. Se cree que los tres viajaron al mismo tiempo a tierras sirias y se posicionaron nada más llegar en primera línea de la resistencia, a pesar de su poca experiencia. «En el verano del 2017 se unieron a las filas de las Unidades de Defensa del Pueblo (YPG) y jugaron un papel activo en la batalla contra el EI. Estos dos camaradas hicieron grandes esfuerzos para la liberación de las bases principales del EI, como las ciudades de Raqa y Deir al Zur y participaron continuamente en la guerra que duró meses», afirman fuentes de las llamadas Unidades de Protección del Pueblo.

El pasado 20 de enero, Samuel Prada y su compañero francés se desplazaron hasta el cantón de Afrín, dicen que por voluntad propia, cuando el ejército turco y las organizaciones yihadistas al-Nusra y el EI comenzaron sus ataques en la zona. El principio de la YPG: «La comprensión requiere acción» les llevó a actuar sin pensarlo, afirman. «Ofrecemos nuestras condolencias a las familias de nuestros mártires, a sus seres queridos y a todas las personas progresistas», expresa en un comunicado el grupo de resistencia. Unos principios ajenos a la familia del ourensano, que ayer pedía intimidad y respeto por la muerte de Samuel Prada y descartaba hacer ninguna declaración sobre lo sucedido o sobre la presencia del joven ourensano en Siria.

Bombardeo aéreo

Se cree que un bombardeo aéreo turco acabó con su vida cuando se encontraba en Jandaris, una localidad al sur de Afrín, en la que Ankara lleva a cabo la primera fase de la denominada operación

Rama de Olivo, desde el 20 de enero, para acabar con el dominio kurdosirio en el norte de Siria.

«No tenía razones religiosas, se unió a las milicias porque sufría por lo que les pasaba a los civiles»

Simón es un miliciano español que, como Samuel Prada León, combate con la milicia kurdosiria en Afrín. Conocía bien a Prada León, más conocido como Baran Galicia (lluvia de Galicia). El joven ourensano, de 24 años, formaba parte de la veintena de españoles, la mayoría de ellos con ideología comunista, que en los últimos tres años han pasado por las filas kurdas y que, en algunos casos, han combatido en primera línea contra los terroristas del Estado Islámico (EI). «Estaba dispuesto a hacer lo que se le decía, pese a todas las consecuencias», explica Simón a Efe en una conversación telefónica.

Este español, integrante de la Unidad de Protección de Sinyar (YBS) -una milicia kurda surgida de las YPG en esta región iraquí- convivió durante un mes con Baran Galicia en Al Raqa, considerada la «capital» de los yihadistas en Siria hasta que fuerzas lideradas por kurdos la liberaron. Tras terminar esa misión en la ciudad siria, Baran estuvo en Sinyar (Irak) hasta que regresó a Siria para hacer frente a la ofensiva turca iniciada el 20 de enero contra Afrín.

El papel de la mujer en la batalla

Tras conocer que se ha hecho pública la muerte de su amigo, Simón no ha dudado en honrarle reconociendo ante la opinión pública la valentía y generosidad del joven ourensano. «No tenía ninguna razón religiosa» para unirse a las filas de las milicias, sino que era más «por tema humanitario, ya que sufría mucho por lo que les pasaba a los civiles», comenta. No fue el único. Fuentes de las YPG comentaron ayer que Prada «era un luchador fuerte y bueno, que acudió a Afrín por voluntad propia y que ya había mejorado sus habilidades militares. Además, este miliciano, que ha preferido mantenerse en el anonimato, aseguró «que le apasionaba la participación de la mujer en la batalla, pues el español tenía un profundo respeto y amor a las mujeres que combatían».

Baran llegó a Rojava -como se denomina el Kurdistán sirio- en julio del 2017 para unirse a las YPG, y posteriormente fue enviado a un campamento para recibir entrenamiento «ideológico» y familiarizarse con el «lenguaje de las armas» y con los «principios de igualdad de género», afirmó esta misma fuente. Al finalizar la formación participó en la campaña contra el EI en Deir al Zur con «todo el equipo de voluntarios extranjeros» de las YPG.

Una ofensiva en suelo sirio que Erdogan quiere convertir en la causa del siglo para Turquía

La operación Rama de Olivo, en la que combatía alistado en las milicias kurdas de las Unidades de Protección Popular (YPG) el ourensano Samuel Prada León, la inició el pasado 20 de enero Ankara, al abrir un nuevo frente en la guerra de Siria y comenzar así el «bombardeo transfronterizo» de Afrín, enclave kurdo del noroeste del país vecino. El objetivo lo adelantó el Gobierno turco hace varias semanas: «Que todas las redes y elementos terroristas en el norte de Siria sean eliminados».

Empezó así uno de los mayores desafíos de Turquía. «O existimos o moriremos. O rompemos ese juego, o viviremos otro siglo más atados de los pies», dijo precisamente ayer el jefe de Estado turco, Recep Tayyip Erdogan, para justificar el despliegue de ataques aéreos y bombardeos de artillería contra las YPG, a quien Turquía atribuye una alianza con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), al que Ankara tilda de grupo terrorista. Estados Unidos se desmarca de Erdogan al respaldar a las YPG, que considera clave en la recuperación de zonas sirias que estaban en manos del EI.

Esta operación ha enfrentado a Turquía con Washington, aliado de los kurdos, que arma, entrena y ofrece apoyo aéreo a las YPG. Y Moscú, la otra esquina del tablero, no se pronuncia sobre un posible pacto con Ankara, pese a que es poco probable que el Gobierno turco -al que apoyan islamistas y salafistas- pueda lanzar una ofensiva de tal magnitud sin su aval. Europa, por su parte, pide a Erdogan que termine con unos ataques que duran un mes y dejan más de 400 víctimas mortales.

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