El complicado dilema de la oposición venezolana: participar o no participar

A una semana de la fecha fijada para la postulación de candidatos a las presidenciales del próximo 22 de abril, la oposición venezolana seguía deshojando la margarita: participar o no participar en un juego electoral en el que tiene todas las de perder


A Coruña

La oposición, una vez más, enfrenta dividida la penúltima marramucia montada por la cleptocracia madurista para legitimarse en el poder y seguir destrozando el país. Un país del que ya han huido el 15 % de sus habitantes -más de 4 millones- y la inmensa mayoría de los que todavía no han podido o no han querido hacerlo sobreviven a duras penas.

En la oposición el único partido que tiene las cosas claras es Voluntad Popular, que lidera el preso Leopoldo López. Ya han anunciado oficialmente que no van a presentar candidato ni van a apoyar a ningún otro. Suscriben la postura del denominado Grupo de Lima formado por 12 países de la región, que no lo da la más mínima credibilidad democrática a la convocatoria electoral.

Primero Justicia, el partido del dos veces presidenciable Henrique Capriles, actualmente inhabilitado por Maduro y Julio Borges, expresidente la Asamblea Nacional ninguneada por el gobierno madurista, están sumidos en pleno debate interno. Entre sus dirigentes hay división de opiniones. En idéntica tesitura están los de Un nuevo Tiempo del ex gobernador del Estado Zulia y ex-candidato presidencial, Manuel Rosales.

Henry Ramos Allup de Acción Democrática, está a la expectativa sobre el desarrollo de los acontecimientos. Quienes lo conocen bien aseguran que si contase con el respaldo del conjunto de la oposición se presentaría encantado, si no, no. Este viejo zorro adeco es el rival favorito de Maduro que no deja de lanzarle guiños para que presente y sea su pareja de baile. Más claro lo tiene su compañero Claudio Fermín, ex alcalde de Caracas, que sí parece dispuesto a hacerle el juego a Maduro. Otro dispuesto a ir al baile es Henry Falcón, ex gobernador del estado Lara que lidera Avanzada Progresista.

Uno de los principales argumentos de los que no tienen claro ee entrar al trapo del actual inquilino del palacio presidencial de Miraflores es «si no vamos a las elecciones, ¿qué hacemos?».

Entre los analistas que siguen el pulso cotidiano de la realidad venezolana también hay división de opiniones, Así, el economista y director de Datanálisis Luis Vicente León apunta vía Twitter que «La palabra clave, votando o no, es participación. Si llamas a votar con participación restringida la derrota será demoledora. Si llamas a la abstención y no hay una estrategia activa y participante, el resultado será la frustración en el sofá, oyendo el discurso de Maduro».

León indicó que «el reto de la oposición es presentar una estrategia unificadora, explicar sus razones y lógica, trazar la ruta de participación activa de la gente, comunicar transparentemente y sin generar falsas expectativas y saber lo que va a hacer el día siguiente».

«Votar o no votar -añade- es un dilema falso. Hay argumentos sólidos para justificar cualquiera de las dos decisiones. El dilema real es: qué estrategia logra unificar a la oposición y le permite motivar a la gente a participar en ella masivamente, sea para votar o para abstenerse».

Por su parte columnista Elizabeth Fuentes en un lúcido análisis publicado días pasados en Konzapata.com bajo el título: Dejemos a Nicolás Maduro bailando solo en la farsa electoral, dejaba muy claro su punto de vista al respecto: «La oposición debe convertir este revés en victoria y negarse de plano a lanzar candidato alguno a las elecciones pautadas para el 22 de abril. Que Maduro debata consigo mismo, que haga cadenas para hablar de sus logros y derroche millones en afiches y gorras, pero sobre todo que los centros electorales queden vacíos, así Tibisay Lucena -presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE)- repita sus mentiras al día siguiente de semejante bochorno».

Concluye su columna diciendo que «ojalá la oposición toda entienda que Nicolás debe ir solo solito a las elecciones porque ya el CNE decretó que va a ganar con o sin oponente. Ojalá que ninguno acepte dólares por debajo de cuerda para lanzarse al ruedo y que las once mil vírgenes de Henrique Capriles hagan el milagro de que Claudio Fermín y Manuel Rosales acepten quedarse quietecitos en sus casas. Amén».

Mientras tanto, Nicolás Maduro y familia -su hijo Nicolasito- están ya en plena campaña con una nueva marca electoral: Somos Venezuela, que según distintas fuentes responde a una doble finalidad: captar el voto de algún despistado de la oposición más radical -María Corina Machado, Antonio Ledezma y otros- que se llaman Soy Venezuela y al mismo tiempo relegar las manidas siglas del PSUV, como paso previo a deshacerse de Diosdado Cabello y otros afines que se autoproclaman chavistas auténticos, fieles al creador de las mismas: el difunto Comandante.

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