¿De qué y a qué juega Zapatero en la crisis venezolana?

Salvo sorpresas de última hora, el paripé de diálogo que han escenificado en los dos últimos años la cleptocracia que ostenta el poder en Venezuela y la desmembrada oposición parece haber tocado a su fin

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Salvo sorpresas de última hora, el paripé de diálogo que han escenificado en los dos últimos años la cleptocracia que ostenta el poder en Venezuela y la desmembrada oposición parece haber tocado a su fin. La traca final corrió por cuenta de José Luis Rodríguez Zapatero, ex inquilino del palacio presidencial de La Moncloa.

Era bastante previsible que ese diálogo no tenía muchos visos de lograr una salida a la gravísima crisis que atraviesa la patria de Bolívar desde que sus ciudadanos pusieron el país en manos de un militar que fracasó como golpista y luego logró hacerse con el poder por las urnas, pero era necesario intentarlo.

Con la llegada de Maduro a la presidencia, la otrora ferviente parroquia chavista empezó a tomar conciencia del monumental fraude que escondía el llamado Socialismo del siglo XXI y marcó distancias con el personaje votando masivamente a la oposición en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

Fue entonces cuando Maduro le echó el ojo al leonés José Luis Rodríguez Zapatero que llegó apadrinado por Dilma Rousseff, con las credenciales de José Bono y su gente, que mantenía estrechos lazos con el chavismo desde los tiempos en los que el político manchego ocupó la cartera de Defensa con Zapatero en La Moncloa.

En el que fue bautizado en su día como el contrato del siglo, Bono le colocó a Chávez un lote ocho patrulleras y 10 aviones de fabricación española con un presupuesto de unos 1.250 millones de euros. Aquel contrato, que se vendió como una tabla de salvación de los astilleros públicos españoles, según algunas informaciones, generó comisiones de unos 40 millones de euros que ya la han costado la cárcel a tres almirantes venezolanos y podría seguir en fase de investigación por la Fiscalía Anticorrupción española.

Zapatero, que aterrizó en Caracas por primera como observador de las elecciones a la Asamblea Nacional de diciembre de 2015, adscrito al equipo de Unasur, no tardó en ser fichado como facilitador -maestro de ceremonias- de los cuatro intentos oficiales de diálogo gobierno-oposición.

Analistas y observadores independientes de la realidad venezolana, de entrada no cuestionaron las buenas intenciones del ex-mandatario español, pero no tardaron en ver en él un tonto útil del que se estaban sirviendo Nicolás Maduro&cia para legitimarse en el poder y ganar tiempo. Así, mientras tanto, podía escapar el temporal. Por otra parte, si se vieran forzados a abandonar las poltronas, podrían negociar un pase de página que les permitiese disfrutar tranquilamente de los ahorrillos conseguidos en los años que han tenido cogida la sartén por el mango.

El desarrollo de los acontecimientos y la permanente huida hacia hacia adelante de un régimen cada día más obsceno y cruel no han podido pasar desapercibidos a alguien que en estos dos últimos años ha volado en cerca de un centenar de ocasiones a Caracas y otros países del entorno, supuestamente para ayudar a resolver el problema de Venezuela.

Si alguien sigue creyendo en la buena fe y/o ingenuidad del facilitador no tiene más que buscar en Internet la carta que les hizo llegar a los líderes de la oposición venezolana en la que les responsabiliza del fracaso del proceso de diálogo y les recrimina el que no se hayan prestado a firmar el «acuerdo para la convivencia democrática en Venezuela» al que Nicolás Maduro ya le había dado su vistobueno y que según él facilitador, «supone una esperanza real para Venezuela...que da respuesta a los planteamientos esenciales discutidos durante meses».

También ha tenido la osadía de hablar en esa misiva a los líderes opositores de las sanciones impuestas por la comunidad internacional a dirigentes concretos del régimen con nombres y apellidos como «sanciones contra Venezuela».

Ese supuesto «acuerdo para la convivencia democrática» no contempla las garantías mínimas de transparencia democrática para celebrar unas elecciones presidenciales anticipadas, convocadas para el próximo 22 de abril. Unas votaciones más que elecciones para las que previamente el régimen inhabilitó a los dirigentes de los principales partidos de la oposición, además de impedir que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -la que ganó por goleada las parlamentarias del 2015- presente candidatura. Tampoco incluye ninguna referencia a los presos políticos que se pudren en las mazmorras del país ni a salidas para la galopante crisis humanitaria que padecen los ciudadanos venezolanos.

Al último servicio de Zapatero al madirismo le dio cumplida respuesta en una carta abierta la eurodiputada Beatriz Becerra, vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo quien, tras refrescarle la memoria sobre la situación actual de Venezuela dice: «en lugar de dar un paso atrás, el régimen organiza unas elecciones fraudulentas para pasar de la dictadura actual a una de partido único, estilo cubano. Y usted, señor expresidente, le da cobertura, le da una plataforma aparentemente digna, se presta a lavarle la cara. Usted no es un mediador: trabaja para una de las partes, para un Gobierno que, le recuerdo, acaba de retirar a su embajador de España creando una crisis diplomática con nuestro país, con el suyo, señor Zapatero, del que usted fue presidente. ¿Cómo llamar a esto, al hecho de ignorar el conflicto de un régimen dictatorial con su propio país?».

Después de esto solo resta preguntarse si el ex presidente del gobierno y actual miembro vitalicio del Consejo de Estado, generosamente remunerado, mantendrá sus aspiraciones al Premio Nobel de la Paz.

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