May opta por un «brexit» duro ante la rebelión de los «tories» más eurófobos

Londres descarta permanecer en la unión aduanera y la UE avisa de las consecuencias

.Michel Barnier (izquierda) se reunió con el ministro británico del brexit, David Davis
Michel Barnier (izquierda) se reunió con el ministro británico del brexit, David Davis

Londres / Colpisa

El negociador de la Comisión Europea, Michel Barnier, se entrevistó ayer en Downing Street con su colega británico, David Davis. La primera ministra, Theresa May, participó en la conversación durante solo veinte minutos. Al final, Barnier afirmó que a Londres le «ha llegado el momento de elegir». Pero Davis mantuvo la aspiración británica que el político francés parece descartar.

Para Barnier, «las barreras comerciales son inevitables sin una unión aduanera, y estando fuera del mercado común». Esa será la situación del Reino Unido «en el más largo plazo», dijo Davis, tras una transición de quizás dieciocho meses. Los portavoces del Gobierno describieron el punto de partida y el horizonte: «Queremos lograr un acceso sin fricciones y sin tarifas, y esa sigue siendo nuestra posición».

En la agenda de la negociación que comienza hoy en Bruselas hay pasos preliminares. El acuerdo de diciembre sobre los términos de la retirada debe ser traducido a la ley. Y en el diseño de la transición, que todos quieren, hay divergencia sobre los derechos que tendrán los ciudadanos de la UE que se establezcan en territorio británico entre el 29 de marzo del 2019 y el fin de la transición. Esta fase de negociación debe culminar en la reunión del Consejo en marzo y a Londres se le pide que defina con más precisión el horizonte al que aspira para que los otros Gobiernos de la UE puedan dar a Barnier la línea negociadora. Ya se ha adelantado un principio: no se puede aspirar a una relación comercial que escoja sectores.

En el telón de fondo hay consecuencias legales complejas para casar un futuro acuerdo con el texto de los tratados preferenciales que ha sellado, o que está negociando, la UE con terceros países o con las normas de la Organización Mundial de Comercio. Pero Londres mantiene el pulso: desea una relación única, «profunda y especial», un comercio «sin fricciones ni tarifas».

Los plazos disponibles son cortos y la coherencia interna de la UE está en juego. Los medios británicos informan en las últimas semanas que los Gobiernos de España, Holanda, Italia, Polonia, Hungría o Irlanda son partidarios de un brexit suave. En la muy intensa actividad diplomática de Londres hay el afán de quebrar la idea de una UE monolítica.

Movimientos internos

Esas especulaciones crecen en el terreno fértil para el frenesí de la política británica. La confirmación de que Londres abandonará también la unión aduanera fue celebrada por los más euroescépticos. May dijo el viernes durante su visita a China que podía fomentar el comercio con aquel país sin firmar un tratado, «mientras mantenemos nuestro estrecho alineamiento con la UE, y también una unión aduanera». No dijo «la», dijo «una», pero los ‘brexiteers’ se amotinaron durante el fin de semana.

Fuentes de Downing Street 10 filtraron ayer los medios que May descarta la formación de cualquier tipo de unión aduanera con la UE. La premier mueve ficha ante las fuertes presiones en el seno de su partido para que opte por un brexit duro, El ministro de Exteriores, Boris Johnson, lidera el grupo de los conspiradores que defienden una salida del club dura y que ni tan siquiera acepta que se discuta en el gabinete una propuesta para que el Reino Unido ingrese en la unión aduanera.

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