Trump contraataca contra la «caza de brujas» y declara la guerra al FBI

Desclasifica un informe que acusa a la agencia de manipular el Rusiagate


Nueva York /corresponsal

Y finalmente lo hizo. En un nuevo golpe a la estabilidad institucional, Donald Trump autorizó ayer la publicación del memorando que acusa al FBI de manipular y politizar en su contra la investigación sobre los vínculos entre la campaña electoral y el Kremlin. El magnate intensifica su guerra contra la policía federal a cuenta de un informe elaborado solo por congresistas republicanos, sin la aprobación demócrata del Comité de Inteligencia de la Cámara baja. En tres páginas y media con más opiniones que hechos, el informe alega por ejemplo que el FBI ignoró el «claro sesgo» a favor de los demócratas de una de sus fuentes, Christopher Steele, un exespía británico que elaboró un informe sobre encuentros sexuales de Trump en un hotel de Moscú. También que abuso de su poder al espiar a gente de su equipo.

La Casa Blanca y los líderes republicanos defendieron publicar el memorando en aras de la transparencia. Trump y el presidente del comité, además de autor del informe, Devin Nunes, respaldaron «el derecho a saber de los estadounidenses», sin embargo, dos aspectos importantes debilitan esta justificación. En primer lugar que desde los primeros días, la Casa Blanca ha evitado la transparencia de muchas y variadas maneras, por ejemplo reteniendo las declaraciones de impuestos del presidente y rompiendo así con una tradición practicada desde Jimmy Carter.

En segundo lugar, que este intento de «ser transparente» es bastante arbitrario teniendo en cuenta que Trump obvió todas las recomendaciones del FBI, del Departamento de Justicia y de la Dirección de Inteligencia Nacional, que pidieron no desclasificar el documento por seguridad nacional.

Trump prefirió sacarlo a luz para así atar su argumento de que las pesquisas del fiscal especial Robert Mueller sobre el Rusiagate, no son más que «una caza de brujas». «Es una desgracia lo que está sucediendo. Mucha gente debería avergonzarse», dijo en medio de la enésima tormenta institucional y atacando a la directiva del FBI y a su propio Ministerio de Justicia.

Fue entonces cuando todas las miradas se trasladaron al número dos de esta cartera, Rod Rosenstein, encargado de supervisar la investigación y el que nombró a Mueller -quien a su vez pisa los talones a Trump por un posible caso de obstrucción a la justicia tras el fulminante despido del exdirector del FBI James Comey-. «Dedúzcanlo ustedes mismos», dijo enigmático el neoyorquino sobre un cese de Rosenstein. A la vez se mostró indiferente ante una posible dimisión del actual jefe del FBI, Christopher Wray.

«Esto es obstrucción a la justicia. Desataría una crisis constitucional no vista desde la masacre del Sábado Noche», advirtió el Partido Demócrata, aludiendo a cuando Richard Nixon fulminó al fiscal del Watergate. Varias voces republicanas también contuvieron la respiración en Capitol Hill. Senadores como John McCain lamentaron que este escándalo «solo beneficia a Putin» quien interfirió en las elecciones para «crear caos y lo ha conseguido». Mientras, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, permaneció en tierra de nadie. Comey tildó de «deshonesto y engañoso» el informe.

EE.UU. apuesta por modernizar su arsenal nuclear pero sin nuevas cabezas

A. R.

Estados Unidos se enfrenta hoy en día a amenazas nucleares sin precedentes. Así sostiene la Revisión de su Postura Nuclear (NPR, por sus siglas inglés) divulgada ayer y en la que el Pentágono defiende que de momento pueden responder a las «necesidades de seguridad», sin tener que desarrollar nuevas cabezas nucleares ni aumentar el arsenal, aunque eso sí, apostando por la vuelta de la capacidad de lanzamiento de misiles atómicos desde los buques.

La amenaza creciente de Corea del Norte, Rusia, Irán y China hace que desde el Departamento que lidera James Mattis no descarten la adquisición de nuevas armas de baja potencia para reforzar la política de disuasión estadounidense.

De acuerdo con la NPR, el refuerzo consistiría en la modernización de la llamada Triada Nuclear: compuesta por bombarderos estratégicos, submarinos nucleares y misiles balísticos intercontinentales, muchos de los cuales tienen décadas de antigüedad.

«EE.UU. solo contemplará el uso de armas nucleares en circunstancias de extrema gravedad», insistió el subsecretario para Asuntos Políticos del Departamento de Estado, Thomas Shannon. En este sentido, los datos que refleja el texto no son tranquilizadores si se tiene en cuenta la preocupación de Washington al «decidido rearme de Moscú y la competencia entre las principales potencias».

Presiones al Pentágono

En paralelo, el anuncio de la nueva estrategia nuclear de Washington coincidió con la revelación del New York Times sobre cómo la Casa Blanca estaría presionando a los altos cargos del Pentágono para que presenten «cuanto antes» un plan de ataque preventivo contra Corea del Norte. Al parecer, el propio asesor de Seguridad Nacional, H. R. McMaster, habría sido quien se lo trasladó a los líderes militares en su deseo de tener «todas las opciones sobre la mesa».

Los funcionarios de Defensa, sin embargo, temen presentar dicho plan a los miembros del ala oeste porque creen que esto «hará más probable un ataque». Según el diario, varios funcionarios de la Casa Blanca confesaron que el Pentágono está «preocupado» de que el presidente Trump y su equipo avancen demasiado rápido hacia una acción militar contra Corea del Norte.

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