El partido de Lula desafía a la Justicia y lo hace precandidato pese a la condena

El expresidente apurará los recursos, pero invita a los suyos a mantener la campaña


brasilia / corresponsal

Apenas dos horas después de conocer el duro veredicto del tribunal que ratificó en segunda instancia su condena por corrupción y aumentó la pena a 12 años de cárcel en régimen cerrado, Lula da Silva se comparó ante miles de seguidores con Nelson Mandela y Tiradentes, un héroe nacional cuya ejecución y descuartizamiento se consideran la chispa definitiva de la ruptura con la corona portuguesa. Ayer, en la reunión del Partido de los Trabajadores (PT) que confirmó la precandidatura de Lula a las elecciones de octubre, altos cargos de la organización lo compararon además con João Goulart, Juscelino Kubitschek y Getúlio Vargas, expresidentes amenazados (el último decidió quitarse la vida) por los militares y la presión externa.

La postura que el PT y Lula adoptan tras la decisión judicial que hace prácticamente inviable que concurra a unas elecciones para las que es el gran favorito es clara. «Vamos a recurrir en todo lo que sea posible y pelear hasta el final. No permitiré que un canalla cualquiera me llame ladrón», dijo el ya precandidato del PT, al que pidió mantener la campaña «aunque ocurra algo indeseable». El partido tiene hasta mediados de agosto para confirmar a su aspirante, y oficialmente sigue diciendo que no hay un plan B, a pesar de que las probabilidades de que Lula evite al menos la inhabilitación son escasas. Por un lado, niega que esté preparando al exministro y exalcalde de São Paulo Fernando Haddad como posible sustituto y llama a la desobediencia civil en las calles. Por otro, apurará la decisión sobre la candidatura de Lula en el tribunal electoral brasileño, órgano que, para más inri, pasará por dos presidentes distintos de aquí a los comicios.

Lula incidió en que un «cartel» formado por la policía, la fiscalía, el sistema judicial y los medios de comunicación, quiere criminalizar a su partido. El pecado original dentro del PT, la sentencia por el llamado mensalão (la compra de cargos políticos en el Congreso durante su gobierno) fue la base jurídica que mantuvieron los tres jueces de Porto Alegre en su relato: la que aceptó que no era necesario probar la relación directa entre cargo público y su corruptor.

Otra acción del PT, la Lei de Ficha Limpa, que impide presentarse a cargos públicos a un condenado en segunda instancia, también se interpone entre Lula y la carrera electoral, aunque los límites de la ley que él mismo sancionó son laxos. La unanimidad de la decisión de los tres jueces cercena la capacidad de recurso del expresidente, sobre el que además pesa la petición de cárcel en cuanto termine su recorrido en el juzgado. Ayer, Lula pretendía viajar a Etiopía para participar en un evento de la FAO, órgano de la ONU dirigido por uno de sus exministros, pero un juez federal le retiró el pasaporte y le impidió salir del país.

Los teóricos rivales en la carrera electoral saludaron la sentencia. El más que probable candidato del conservador PSDB, el gobernador de São Paulo Geraldo Alckmin, dijo que «nadie está por encima de la ley. El brasileño sabe bien que la crisis que vivió fue por la irresponsabilidad del PT». El gran beneficiado es el aspirante de extrema derecha, nostálgico de la dictadura militar, que aparece segundo en las encuestas, Jair Bolsonaro: «Es un momento histórico que nos permite alejarnos un poco más de la amenaza del comunismo».

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