Theresa May y Macron no pasan de mostrar una imagen de cordialidad

Los acuerdos en defensa e inmigración no disimulan las grietas abiertas por el «brexit»

POOL | EFE

londres / colpisa

La primera ministra británica, Theresa May, y el presidente francés, Emmanuel Macron, mostraron ayer el rostro amable de las relaciones europeas tras el brexit. Llegaron a acuerdos de cooperación militar en el Sahel, con Londres enviando dos helicópteros Chinook para respaldar las operaciones contra el terrorismo islamista. Acordaron más colaboración sobre la frontera de Calais, con el Gobierno británico pagando más dinero para la operación de seguridad fronteriza.

El encuentro más público se celebró en la Academia Militar de Sandhurst, con ministros de ambos gobiernos acompañando a sus líderes. Para subrayar el grado de cooperación, todas las agencias de los servicios de inteligencia de ambos países se reunieron juntas, en lo que se presentó como un acto sin precedentes. Se establecieron promesas de cooperación espacial y en el sector de la energía.

Londres quería subrayar que, de acuerdo con el mantra repetido por May y sus ministros, Reino Unido se va de la UE pero no de Europa. Es declamar lo evidente, que la relación entre los dos países es «fuerte y confiada», como afirmó la ministra gala para Europa y Asuntos Exteriores, Nathalie Loiseau. El brexit estuvo fuera de la agenda pública, pues nadie en la UE quiere dar la impresión de llegar a un entendimiento bilateral que debilite a Bruselas.

La realidad se basa evidentemente en menos fortaleza y confianza. El impulso de Macron a una reforma de la UE y de la eurozona que amortigüe los sentimientos de insatisfacción de muchos ciudadanos europeos sobre la situación económica o el desorden de la inmigración ha dado a París una perdida proyección internacional. Los discursos de May sobre un Reino Unido libre y global, que al fin librado del peso de regulaciones y principios sociales del sistema comunitario recuperará la soberanía perdida y un papel como líder mundial del comercio libre, entraña una crítica a la cultura política francesa, percibida en Londres como una influencia peor que Berlín en la UE.

Los dos países europeos con armas nucleares tienen una relación única, pero ya se han distanciado de hecho en la cooperación militar, a pesar de que ayer confirmasen la disponibilidad de una fuerza conjunta de 10.000 soldados para intervenciones rápidas, surgida de acuerdos anteriores, de que Francia vaya a desplegar unidades en el seno de la fuerza británica en Estonia, a la mayor colaboración prometida en África o de que se junten servicios de inteligencia que ya operan con altos niveles de coordinación.

La UE confirmó en diciembre la apertura de la vía de Cooperación Permanente Estructurada (Pesco), un programa que persigue reforzar su autonomía militar. Aunque el acuerdo de diciembre incluye el compromiso de no duplicar programas de la OTAN, un Reino Unido que se va y que no ha suscrito Pesco ve confirmados algunos de sus temores sobre la dirección de la UE. May tiene aún que demostrar que su premura en establecer un acceso preferente al presidente Donald Trump le servirá para amortiguar las tensiones con Europa sobre Irán, el comercio internacional y otros temas. París ha sido la capital que quizás se ha empeñado con más ahínco en arrebatar negocio a la City financiera de Londres por el brexit, en una batalla sobre la que no se ha visto aún el último capítulo.

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