El ejército de animadoras de Kim Jong-un

Corea del Norte recluta a un grupo de «cheerleaders» para reforzar a la selección de su país en los juegos de invierno que organiza Seúl


Pekín

Son jóvenes, bellas y han sido entrenadas para animar a los deportistas de su país en todas las competiciones deportivas, rasgos que, a simple vista, no las diferencian de otros muchos colectivos de animadoras que existen en todo el mundo. Sin embargo, este grupo de veinteañeras han sido meticulosamente elegidas no solo por su físico sino también por su lealtad al régimen norcoreano y formarán parte de la delegación que Kim Jong-un enviará en febrero a los Juegos Olímpicos de Invierno de Corea del Sur.

El hecho de que se haya incluido a estas animadoras en la delegación olímpica, que ya se ha convertido en un símbolo del paréntesis entre las tensiones en la península coreana, es clave. La propia mujer del líder norcoreano formó parte de ese elenco de cheerleaders que en el año 2005 participó en el Campeonato de Atletismo de Asia celebrado en Incheon, Corea del Sur. Para los expertos, este tipo de eventos es una de las herramientas de «diplomacia blanda» que el régimen de Piongyang ha creado para mejorar su imagen en el exterior y superar el aislamiento autoimpuesto por los Kim.

«Este grupo de animadoras forma parte de una estrategia de Corea del Norte para aliviar las tensiones y aprovechar la imagen atractiva del grupo para suavizar la cara agresiva que ha mostrado en el último año con sus amenazas y con el disparo de misiles. Sin embargo, habrá que esperar para ver si prolonga por mucho tiempo esta estrategia de relajación o cambia después de los Juegos Olímpicos», asegura Cheng Xiaohe, director del centro de Estudios Estratégicos de China.

Sin antecedentes

Aunque apenas hay información sobre ellas, las integrantes de este selecto grupo son elegidas por el Departamento de Propaganda en las Universidades y en las Escuelas de Música, según China Radio Internacional, y a todas se les rastrean sus antecedentes para evitar que estén relacionadas con desertores o disidentes.

Hace más de diez años que Piongyang no utilizaba esta arma diplomática. Su primera aparición en el extranjero fue en el 2002, durante los Juegos Asiáticos celebrados en Busán, donde 300 de estas chicas vestidas con coloridos hanboks, el vestido tradicional coreano, acapararon todas las portadas al presentarse agitando la bandera de la Unificación coreana. El verano siguiente, en el 2003, otras 300 de ellas acompañaron a los atletas norcoreanos que compitieron en la Universidad de Daegu.

Este primer paso hacia un hipotético deshielo se acordó el pasado 9 de enero durante la reunión que representantes de las dos Coreas mantuvieron en la denominada aldea de la paz de Panmunjon, en plena zona desmilitarizada que divide ambos territorios. «Hay que atender al contexto. Corea del Norte acaba de ser sancionada gravemente con las restricciones de petróleo y esto ha golpeado a su economía. Eso ha podido propiciar que aproveche estos Juegos Olímpicos de invierno para dar muestra de una relajación en su tono», apunta el profesor Cheng.

Además de las animadoras, Piongyang tiene otras armas para desarrollar su diplomacia cultural y la más utilizada en los últimos años es el grupo de pop Moranbong, que creó el propio Kim Jong-un y que en diciembre de 2015 iban a actuar en Pekín, pero el concierto se canceló misteriosamente.

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