Jamenéi culpa a los enemigos de Irán de estar detrás de las protestas

Trump abandera el apoyo a un pueblo contra un «régimen brutal y corrupto»


REdacción / La voz

En el sexto día de protestas, el líder supremo de Irán, el gran ayatolá Alí Jamenéi, salió a la palestra para culpar a los enemigos de la república islámica de los disturbios que se extiende por el país y que se han cobrado al menos 22 vidas. «Los enemigos de Irán han puesto dinero, armas, política y servicios de inteligencia a disposición de los incitadores de las protestas para dañar a Irán», señala en inglés en su cuenta oficial de Twitter. En su opinión, solo «el coraje, sacrificio y fe de la nación» impiden que los instigadores consigan sus objetivos.

En las protestas, que se extendieron por todo el país hasta llegar el sábado a Teherán, se han coreado lemas tanto contra Jamenéi como contra el presidente, Hasán Rohaní. La gran pregunta es qué persiguen los manifestantes: ¿protestan por el alto coste de la vida o contra el régimen clerical que frena una apertura?

¿A quién hace referencia el ayatolá Jamenéi cuando habla de enemigos?

Desde la caída del sha (1979), en la lista de enemigos están Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí. Pero el escenario ha sufrido cambios sustanciales. Tras la fallida primavera árabe se ha desatado una rivalidad sin precedentes entre el reino suní y la república chií por ganar influencia en países como Siria o Egipto. El impulso definitivo a esa rivalidad llega de la mano de Trump, que ha envalentonado tanto al Gobierno de Netanyahu como al omnipresente príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salman, que describió a Jamenéi como «el Hitler de Oriente Medio». Otros dirigentes iraníes culpan de los disturbios a «contrarrevolucionarios» de los Muyahidines del Pueblo de Irán o a grupos monárquicos, que están exiliados.

¿Qué provocó las protestas de los iraníes?

Ni los políticos ni los medios consiguen ponerse de acuerdo. Y es que en pocos días se pasó de las críticas a la política económica del Gobierno a gritar «Muerte al dictador», es decir del gran ayatolá. «Creo que son ambas cosas», asegura a la agencia DPA un politólogo en Teherán que debido a su delicada situación prefiere no identificarse. El vicepresidente, Ishagh Yanguiri, está entre los que creen que las primeras protestas en la ciudad de Mashad fueron convocadas por ultraconservadores que buscan debilitar al reformista Rohaní, pero la situación ha terminado por descontrolarse.

¿Cómo ha reaccionado el régimen islámico?

«Se acabó la broma», avisó ayer el fiscal general iraní, Mohamed Yafar Montazeri, lo que presagia una dura represión. Los servicios secretos informaron ayer de la detención e identificación de algunos manifestantes, sin dar más detalles al respecto. Los analistas temen que haya miles de detenidos en todo el país. No hay cifras a nivel nacional, pero los medios locales hablaban ayer de al menos mil al recoger informaciones como las del vicegobernador Asghar Nasserbakht, que cifró en 450 los manifestantes detenidos desde el sábado en Teherán.

¿Y la comunidad internacional?

Como no podría ser de otra forma Siria apoyó ayer a su aliado y calificó las protestas de una conspiración de EE.UU. e Israel. Mientras, Donald Trump criticó un día más a una de sus bestias negras. «El pueblo de Irán está actuando contra el régimen iraní brutal y corrupto», tuiteó. Y para no perder la costumbre culpó de ello a su antecesor Barack Obama. «Todo el dinero que el presidente Obama les dio estúpidamente fue al terrorismo y a sus ‘bolsillos’», dijo en referencia al acuerdo nuclear del 2015. La respuesta raní no se hizo esperar: «En lugar de perder el tiempo enviando tuits inútiles e insultantes debería ocuparse de los problemas internos de su país, en particular el asesinato diario de decenas de personas y de los millones de hambrientos y sin hogar», lanzó el portavoz de Exteriores, Bahram Ghassemi. Los países europeos, en cambio, se centran en pedir diálogo. Anoche, la embajadora de EE.UU. en la ONU, Nikki Haley, intentaba tratar las protestas en una sesión del Consejo de Seguridad.

¿Se pueden comparar con las protestas del 2009?

En las del 2009 el movimiento verde se protestaba por la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad por considerarla fraudulenta. La represión dejó más de 80 muertos según la oposición. Ahora, los manifestantes no cuentan con el apoyo en el campo reformista. Ayer, el grupo aperturista del expresidente Mohamad Jatamí condenó la violencia de los «alborotadores» que se infiltran en las manifestaciones. De hecho, la violencia se está imponiendo. Los últimos nueve muertos tuvieron lugar en la provincia de Isfahán. Seis manifestantes perecieron cuando intentaban tomar al asalto una comisaría, pero también sucumbieron dos miembros de las fuerzas de seguridad y un niño de 11 años por disparos de los concentrados.

¿Está en manos de Rohaní frenar el descontento?

Los iraníes habían puesto sus esperanzas en que su vida mejoraría con el fin de las sanciones internacionales y confiaban en que Rohaní lograría mayores libertades. Un año después no ha sido así. El presidente está obligado a seguir la política del máximo líder, pero los expertos afirman que puede salir beneficiado del caos. «Si logra traer la calma en unas dos semanas puede salir fortalecido como un buen gestor de la crisis», explica a AFP Adnan Tabatabai, analista iraní y director del think tank en Alemania. «Pero deberá tomar en serio las demandas en materia social y económica», añadió, comenzando por revertir medidas de austeridad como el recorte de subsidios y la subida de la gasolina.

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