Trump dice a Abás que reconocerá a Jerusalén como capital de Israel

Desoye las advertencias de todos sus aliados y dispara la tensión en el mundo árabe


nueva york / corresponsal

Las advertencias que le han hecho llegar todas las personas a las que comunicó sus intenciones en las últimas horas, incluido aliados como el rey de Arabia Saudí, no han hecho mella en él. Donald Trump hará pública hoy su decisión sobre el traslado de la embajada de EE.UU. desde Tel Aviv a Jerusalén, una medida que en la práctica entrañaría el reconocimiento de dicha ciudad como capital de Israel.

El malestar ha ido en aumento en el mundo árabe que, en las últimas horas, no sale de su asombro y presiona al magnate para que recapacite y no cause una ofensa difícilmente reparable. Uno de los más contundentes ha sido el presidente de Palestina, Mahmud Abás, al que Trump ya comunicó la decisión y quien advirtió de las peligrosas consecuencias que tendrá sobre el proceso de paz, la seguridad y la estabilidad en la región. Al aviso de Abás se sumaron las advertencias de Jordania, Arabia Saudí, Egipto, Catar o Turquía.

«Señor Trump, Jerusalén es la línea roja de los musulmanes», avisó el líder turco, Tayip Erdogan, tras amenazar con romper relaciones diplomáticas con Israel si se tomaba la decisión. «[Jerusalén] ha sido capital del pueblo judío durante 3.000 años y la capital de Israel durante 70, lo reconozca Erdogan o no», contestó un funcionario israelí en un intercambio de reproches.

Los palestinos reivindican como capital de su futuro estado la parte oriental de la ciudad (ocupada desde 1967) y anexionada por Israel, mientras que el estado judío también reclama la ciudad como su capital indivisible. La comunidad internacional, sin embargo, ha rehuido ponerse de su parte. Más aún, mantiene una actitud de prudencia elemental ante una de las cuestiones más complejas del conflicto y parte de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos.

A la postura generalizada de rechazo en el mundo árabe se sumó ayer la de la Unión Europea, que cree que «cualquier acción que separe el esfuerzo de una paz negociada en Oriente Medio debe evitarse». La jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini, dejó clara su postura delante del secretario de Estado, Rex Tillerson, antes de un almuerzo con los 28 ministros de Exteriores europeos. Tillerson prefirió evitar la nueva tormenta desatada por su jefe y se limitó a manifestar «el fuerte compromiso» de EE.UU. con la UE. Otro de los nombres propios que cree que la postura de Trump podría poner en peligro los esfuerzos de paz es el del presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien sugirió al neoyorquino que no entorpeciese las conversaciones entre judíos y palestinos.

El Congreso de EE.UU. aprobó en 1995 una ley que declara Jerusalén como la capital de Israel y exige que la embajada sea trasladada a la ciudad. Sin embargo, los expresidentes Bill Clinton, George Bush y Barack Obama firmaron exenciones para evitar el cambio en aras de los «intereses nacionales». El propio Trump lo hizo así el pasado mes de junio.

A la espera de su anuncio, hay quien apunta que Trump podría tratar de contener a los opositores reconociendo a Jerusalén como capital, pero manteniendo su embajada en Tel Aviv. La estrategia sin embargo, no sería suficiente para contener la ira del mundo árabe. «Lo más importante es el reconocimiento. A nadie le importa dónde está la embajada», dijo Rashid Khalidi, profesor de la Universidad de Columbia, a Politico. La preocupación ante la nueva provocación de Trump se ha reflejado en la advertencia que el departamento de Estado ha trasladado a las embajadas estadounidenses, pidiendo que refuercen su seguridad ante posibles manifestaciones violentas.

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