El temor a otro Kursk sale a flote

Los accidentes de submarinos dejan un balance de casi de 600 víctimas mortales en los últimos sesenta años


redacción / la voz

Ahora que el mundo se mantiene en vilo en la contra reloj por encontrar con vida a los 44 tripulantes del San Juan, en Argentina contienen la respiración al recordar las tragedias provocadas por hundimientos de submarinos. No es para menos. En los últimos sesenta años, las naves que siguen la estela del prototipo creado por Isaac Peral, que se inspiró en el Nautilus de Julio Verne, dejan un balance de casi 600 muertes por accidentes.

El caso que permanece inalterable en la memoria colectiva es del Kursk. El desastre, fechado el 12 de agosto del año 2000, en el que murieron 118 personas, ocurrió en un momento clave para Rusia, que con este submarino intentaba demostrar, tras los convulsos años noventa, que a pesar de la caída de la Unión Soviética seguían siendo un duro enemigo a batir. Esta nave, que era el niño mimado de la armada, comenzó a tener problemas el 10 de agosto; averías que las autoridades rusas prefirieron omitir. No en balde, estaba en juego la futura venta de torpedos Shekval a China, unos proyectiles que estaban a punto de probar.

Con el hermetismo total de las autoridades rusas frente a lo que sucedía en las profundidades del mar Barents, y el rechazo de ayuda internacional, este caso se convirtió no solo en dramático, sino también en uno de los más controvertidos de la historia. A los familiares de las víctimas nunca les llegó a quedar claro qué pasó con los tripulantes del Kusk, ya que a día de hoy, aunque la versión oficial argumenta que una explosión abordo generó un efecto dominó en varios compartimentos del sumergible, el capitán de la Armada rusa, Vitali Detsenko, mantiene que el submarino fue alcanzado por un torpedo norteamericano como advertencia para que Rusia no vendiese sus proyectiles a China.

Las grandes catástrofes siempre han estado rodeadas de secretismo y hermetismo Y precisamente China fue el país que dos años más tarde sufrió una catástrofe que recordó a la del Kursk, no solo en la cantidad de víctimas (70), sino en el secretismo y la desinformación que rodeó al hundimiento del buque que se accidentó en aguas del mar Amarillo. No obstante, este es un caso aislado en la hemeroteca de naufragios del país asiático. Nada que ver con lo que le sucede a Rusia. De hecho, es precisamente la Armada de la antigua Unión Soviética la que, en tiempos de paz, peor suerte ha corrido en relación a este tipo de hundimientos. Basta recordar el naufragio del submarino K-8 en 1970, en el que murieron 24 personas; o dos años antes el K-219, que estuvo una semana sin comunicarse y se dio por perdido. Y a la tripulación por muerta.

129 muertos

Estados Unidos también ha llorado por sumergibles desaparecidos. La mayor tragedia se vivió en 1960 con la pérdida de 129 personas que iban a bordo del Thresher, después de que un defecto en la conducción de agua de mar en la sala de máquinas originase una violenta entrada de agua que provocó que el submarino detuviese su marcha y comenzase a hundirse. Años más tarde el submarino nuclear Scorpion corrió la misma suerte. Zarpó en 1959, pero no se dio por perdido oficialmente hasta 1968.

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