El panorama político chileno tras el 19N

Una vez más fallaron las encuestas. Sebastián Piñera, candidato de la derecha, que partía como favorito indiscutible y con posibilidades de ganar en la primera vuelta, tendrá que esperar a la segunda. Alejandro Guiller, será su rival el próximo 17 de diciembre e incluso puede ganar si consigue recomponer el puzle del centro-izquierda que se rompió por primera vez para estas elecciones.

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A Coruña

El empresario y expresidente, al que las encuestas le daban el 45% de los votos, se quedó en el 37 %. Aunque el próximo 17 de diciembre logre el apoyo de ese 8% que el pasado domingo votó a ultraderechista José Antonio Kast, el defensor del legado de Pinochet, no le llegarán para volver al Palacio de la Moneda si el senador y ex presentador de televisión Alejandro Guiller, representante de la Nueva Mayoría, que encabezó hasta ahora Michelle Bachelet y obtuvo casi el 23%, consigue el apoyo del Frente Amplio (izquierda radical). Su candidata, la también periodista Beatriz Sánchez, fue la gran revelación de la jornada al obtener algo más del 20 % cuando las encuestas le daban menos de la mitad. También se le pueden sumar ese casi 5% que obtuvo el independiente de izquierdas Marcos Enriquez-Ominami.

Las opciones de izquierda en su conjunto sumaron algo más de 3,6 millones de votos frente a los 2,9 millones de la derecha. Pero todos juntos no llegan a la mitad de un censo de 14,3 millones de electores. El domingo acudieron a las urnas algo menos del 45 %. Ello a pesar de que por primera vez podían hacerlo los chilenos residentes en el extranjero.

Aunque en esta ocasión la participación fue algo mejor que la de las presidenciales de hace cuatro años (41 %) y bastante más alta que la de las municipales del año pasado (35%), Chile se mantiene así como el país con mayor índice de abstención de América Latina.

Hay quien pretende justificar esta apatía de los chilenos frente a las urnas por los recortes en las campañas electorales tras las restricciones legales a la financiación de las mismas. Los análisis más rigurosos apuntan que tiene que ver más con la desconfianza de las instituciones, el desencanto de la política tradicional y partidista, la falta de credibilidad de parlamentarios y autoridades y los casos de corrupción que especialmente en los tres últimos años afectaron incluso a la familia de la actual presidenta.

El Podemos chileno

La sorpresa y protagonista de la noche del 19-N fue Beatriz Sánchez, la candidata del Frente Amplio, la versión chilena de Podemos. No estará en segunda vuelta, pero el respaldo electoral obtenido le dará un poder de negociación que puede ser clave en la manera en que se decida el próximo presidente de Chile.

Con el resultado obtenido cuenta con el respaldo suficiente para lograr, a cambio de su apoyo, que una mayoría progresista acometa de una vez el cambio de la Constitución heredada del gobierno militar de Augusto Pinochet.

Pero dentro del Frente Amplio, que está conformado por 11 asociaciones, no todos están por la labor. Muchos ven como una traición negociar con un representante de la vieja política como Guillier. Se trata de un movimiento que nació de las protestas estudiantiles de 2011 que quiere ser la alternativa a la clase política tradicional que gobernó Chile los últimos 19 años.

El país vivió en el año 2011, al final del anterior mandato de Piñera, las protestas más importantes desde el retorno de la democracia en 1990. Millones de estudiantes protestaron durante meses en contra de un sistema educativo que consideraban excluyente; en el que había que pagar miles de dólares para estudiar y en el que el Estado les brindaba un apoyo muy limitado.

De aquel movimiento estudiantil surgió el Frente Amplio, que hace cuatro años obtuvo tres escaños en la Cámara de Diputados y en 2016 ganó la alcaldía de Valparaíso, la quinta ciudad más grande el país, con un candidato de 31 años, Jorge Sharp.

Pero después de esas pequeñas victorias el movimiento pareció apagarse, luego de que quedase en evidencia las fuertes disputas entre sus dirigentes y de que en las primarias obtuviese una pobre participación.

Ahora, la esperanza volvió, en parte, porque tendrán entre 15 y 20 diputados y al menos una silla en el Senado, una cámara que no permite congresistas menores de 35 años.

Todos los integrantes del Frente Amplio, según el politólogo chileno José Cabezas, son de izquierda, pero no son todos iguales y su voto no es popular, sino el del estudiante, del ilustrado.

Sus militantes consideran que el movimiento llegó para quedarse y que pretende ser la voz de los que nunca votaron en el país. Al menos una parte de ellos son partidarios de apoyar a Guiller, siempre y cuando esté dispuesto a negociar temas que consideran claves, como el acabar con los AFP (fondos de pensiones privados) y la convocatoria de una Constituyente. Otros, en cambio, consideran que negociar con él puede suponer la firma del acta de defunción del movimiento. Si la Izquierda se pone de acuerdo, Piñera verá frustradas sus expectativas. Si no, se consumará el giro a la derecha de la América Latina que, además de votar, puede elegir a sus dirigentes políticos.

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