Michelle Bachelet: Apreciada fuera, cuestionada en casa

Derecha e izquierda critican el legado que deja la presidenta de Chile, Michelle Bachelet


Santiago de chile / E. La Voz

El caso de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, es la confirmación del dicho de que nadie es profeta en su tierra La mujer más poderosa de América Latina, según la revista Forbes, muy bien valorada por los líderes de opinión internacionales, cuenta tan solo con un 25 % de apoyo entre sus compatriotas. Son pocos los que apoyan una gestión que disgusta tanto a la izquierda como a la derecha.

«No la entienden, no la valoran y no la reconocen. Están engañados. Ha hecho muchas cosas buenas. Las que no ha podido hacer es porque no la han dejado los mismos que la critican. Y al que salga ahora le va a pasar lo mismo», comenta el jubilado Julio Espinosa, seguidor de Bachelet, en la puerta del colegio donde estudia su nieto. A su alrededor no hay prácticamente rastro de propaganda electoral a pesar de que los comicios son el domingo. Un indicio de la mezcla de desafección con los políticos, que perjudica a todos los líderes y que los ha llevado a no promocionar sus campañas en demasía.

La presidenta parece haber sacado poco rédito político de sus éxitos y haberse hundido por sus fracasos: La Moneda ha llegado a reconocer problemas de comunicación. Pero la principal crítica que se le hace a la actual Administración desde la derecha es la desaceleración económica.

Chile creció a un ritmo medio del 1,8 % en los cuatro últimos años, una tasa inferior a las registradas por los Gobiernos anteriores. Culpan de ello a las medidas sociales y a la reforma tributaria de Bachelet, que incrementó los impuestos a las grandes compañías. «Desincentivó la inversión. Eso generó que se marchasen quienes ponían el dinero, y la economía entrase en problemas. Ya no hay tanto empleo. La gente ha tenido que abrir micronegocios. Por eso la cifra de paro (alrededor del 7 %) no es más alta, pero no se encuentra trabajo. Te lo tienes que crear», explica el contable Germán Ramírez, que votará al expresidente Sebastián Piñera, representante de centroderecha y máximo favorito con un 44 % de intención de voto.

El conservadurismo acusa también a Bachelet de intentar acabar con la cultura cristiana del país. Su administración aprobó la unión civil homosexual en un país en el que ser gay estaba prohibido hace solo 17 años. También permitió el derecho al aborto en tres casos especiales, cuando estaba terminantemente prohibido. «Trató de hacer cambios muy radicales de manera muy rápida. Chile es un país muy conservador. Nos estamos abriendo al mundo, pero tanto cambio en cuatro años no fue buena idea», critica Ramírez.

Todo lo contrario opinan quienes la censuran desde la izquierda. Creen que el cambio no ha sido el prometido. Denuncian que no refundó el deficiente sistema de salud y que no abordó la reforma del sistema privado de pensiones. Ven insuficientes los pasos para dar gratuidad a la Educación, una de las más caras de la región. «Ha querido convencer de que todo ha cambiado, cuando nada cambió», explica la profesora Patricia Muñoz.

También la corrupción ha afectado a su popularidad después de que su hijo y nuera se vieran inmersos en un caso de tráfico de influencias. Bachelet acabó su anterior mandato con una popularidad del 80 %. Sería un éxito si se despidiese en marzo con la mitad de ese apoyo. Le está siendo difícil vender sus políticas en Chile pese a su reputación internacional.

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