China torea la impaciencia de Trump con un trato para halagar su vanidad

El presidente de EE.UU. elogia a Pekín y culpa a sus predecesores del déficit comercial


pekín / e. la voz

Pocos podían imaginar hace justo un año, cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, que doce meses después diría que tiene «buena química» con el presidente chino. En su primera visita oficial a la nación a la que varias veces calificó de «enemiga», el magnate se mostró llamativamente cordial con Xi Jinping incluso en los asuntos más espinosos como la desnuclearización de Corea del Norte o el déficit comercial.

«Actualmente esta relación (comercial) es muy unilateral e injusta, pero yo no culpo a China por ello», afirmó el norteamericano en una comparecencia ante la prensa en la que no aceptaron preguntas, al más puro estilo chino. «¿Quién puede culpar a un país de aprovecharse de otro para beneficiar a sus ciudadanos? Le doy mucho crédito por hacerlo», añadió ante las miradas de sorpresa de los empresarios presentes en la sala.

Trump ha responsabilizado en más de una ocasión a China de «violar» a la economía estadounidense para lograr un superávit comercial de unos 300.000 millones de euros pero ayer sus dardos fueron en otra dirección. «Culpo a las administraciones del pasado por permitir que este déficit comercial fuera de control tenga lugar y crezca», señaló. Poco después se anunciaba la firma de acuerdos comerciales por valor 218.000 millones de dólares.

Aunque el ministro chino de Comercio, Zhong Shan, calificó como un «milagro» esas operaciones, los expertos consideran que no todos los acuerdos son nuevos y que muchos otros son, en realidad, memorandos que pueden llegar a materializarse en el futuro o no. Entre los contrato multimillonarios destaca la compra de China de 300 aviones de Boeing por valor de 32.000 millones de euros o el de la tecnológica Qualcomm, que venderá productos por valor de 10.000 millones de euros a las fabricantes de teléfonos chinas Xiaomi, Oppo y Vivo durante tres años.

Otra de las prioridades de Trump era la de sumar a Xi Jinping en una estrategia conjunta para poner fin al programa nuclear de Corea del Norte. El magnate aseguró que China puede resolver esta crisis «fácil y rápidamente» y apremió a Xi a presionar con mayor rapidez a Pyongyang. Le pidió que reduzca sus intercambios comerciales y sus transacciones bancarias con el régimen de Kim Jong-un, cuyo comercio depende en un 90% de Pekín. 

Halagos mutuos

En general, uno de los aspectos que más han llamado la atención de esta visita son los esfuerzos de ambos mandatarios por agradarse mutuamente. Trump calificó a Xi de «hombre muy especial» y en Twitter, red social censurada en China, agradeció varias veces la pomposa acogida de su homólogo e incluso cambió su foto de portada por la que las dos parejas presidenciales se hicieron en la Ciudad Prohibida. De esta manera devolvía el gesto a Xi Jinping, al convertirlo en el primer presidente extranjero invitado a cenar en el bellísimo palacio imperial. En su afán de seducción, los chinos no dudaron en montarle a su huésped una coreografía con un grupo de niños que lo aclamaron gritando «¡Bienvenido a China! ¡Te amamos!».

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