Beirut acusa a Riad de retener a su líder Hariri tras obligarlo a dimitir

Arabia Saudí crea alarma al ordenar a sus nacionales salir del Líbano


Jerusalén / Colpisa

La situación es cada vez más confusa en el Líbano tras la petición de Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin a sus ciudadanos de que abandonen el país y después de que varios altos cargos libaneses declararan que Saad Hariri está «bajo arresto domiciliario» por las autoridades de Riad, que le habrían forzado el sábado a presentar su dimisión como primer ministro. Tras cuatro días de silencio, el Movimiento Future compareció ante los medios en Beirut para insistir en que sigue considerando a su líder, Hariri, «primer ministro» y «líder nacional», y pidió a los saudíes que faciliten su regreso a un país del que, según el texto que leyó el sábado el líder suní, huyó porque vio su vida en peligro y por las injerencias de Irán.

El presidente del Líbano, Michele Aoun, también considera a Hariri jefe de Gobierno hasta que presente su dimisión de manera formal ante el Parlamento. Altos cargos libaneses consultados por la agencia Reuters denunciaron, bajo condición de anonimato, que Riad «controla y limita» los movimientos de un Hariri cuyo viaje a la capital saudí coincidió con el lanzamiento de la purga anticorrupción del príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, conocido como MBS. «Cuando llegó al país le ordenaron que se quedara y dimitiera. La lectura de su carta de renuncia fue una orden y la cumplió estando bajo arresto domiciliario», señalaron.

Reuters también tuvo acceso a responsables estadounidenses familiarizados con la situación en Oriente Medio que coincidieron en que los saudíes «animaron» a Hariri a dimitir. Una versión que cambia el relato inicial y que muestra la intención de Riad de acabar con el Gobierno de unidad nacional libanés, como estrategia para desestabilizar el país y crear problemas a Hezbolá, el brazo de Irán en el Líbano.

La tensión crece y el Líbano se convierte en un escenario más de la guerra fría sectaria entre iraníes y saudíes, que se disputan la hegemonía en la región. Tras concluir su viaje oficial a Abu Dabi, Emmanuel Macron anunció por sorpresa una visita a Arabia Saudí para reunirse con el príncipe heredero por primera vez y analizar «cuestiones regionales, en particular Yemen y Líbano». El presidente reconoció que ha mantenido contactos informales con Hariri, pero desmintió que hubiera pedido su traslado a París. Su objetivo será «subrayar la importancia de la estabilidad y la integridad libanesa». 

Cientos de detenidos

El líder de la Iglesia maronita de Líbano, Beshara al Rai, también anunció su intención de visitar a Hariri en el viaje que realizará a Riad la próxima semana para intentar aclarar las circunstancias de su inesperada dimisión.

Las turbulencias ocasionadas por la dimisión de Hariri llegan en mitad de la gran purga que ha llevado a la cárcel a cientos de príncipes y altos cargos del reino. Esta operación «ha llevado a 201 personas a la cárcel y ha puesto al descubierto un fraude de hasta 100.000 millones de dólares a lo largo de varias décadas», según el Ministerio de Información saudí.

En un primer momento se llegó a especular con que Hariri, nacido en Riad y con fuertes vínculos económicos con el reino, podría ser parte de la lista de los detenidos por corrupción, pero en su renuncia al cargo Irán y Hezbolá fueron los grandes protagonistas. A pesar de que Riad vende los arrestos como una campaña contra la corrupción, las detenciones masivas sugieren que se trata más de una purga del joven príncipe para eliminar cualquier atisbo de oposición.

El bloqueo saudí pone a Yemen al borde de la hambruna

La purga y la tensión regional generada por la dimisión de Saad Hariri eclipsan a la grave situación humanitaria que sufre Yemen tras la decisión de Arabia Saudí de imponer un fuerte bloqueo al país vecino. Riad respondió de esta forma al lanzamiento de un misil por parte de los rebeldes hutíes el sábado contra la capital del reino. Las autoridades saudíes acusaron a Irán y Hezbolá de cometer un «acto de guerra», ya que consideraron que el proyectil fue proporcionado por la república islámica a los rebeldes chiíes del Yemen.

El director ejecutivo Unicef, Anthony Lake, fue la última voz en denunciar que el nuevo cierre de las fronteras por tierra, mar y aire «está empeorando aún más la catastrófica situación» en Yemen, donde 20 millones de personas necesitan ayuda humanitaria y la mitad directamente sobreviven gracias a ella. Mark Lowcock, subsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, dijo que, a menos que se vuelvan a abrir las fronteras para los envíos de ayuda, «será la hambruna más grande que el mundo ha visto en muchas décadas, con millones de víctimas».

Las Naciones Unidas, el Comité Internacional de la Cruz Roja y las oenegés que trabajan in situ han denunciado en reiteradas ocasiones las dificultades que tienen para poder realizar su trabajo debido al control en las fronteras que ejerce la coalición que lidera Arabia Saudí desde el 2015. En esta fecha el príncipe heredero lanzó la guerra contra los rebeldes hutíes, grupo al que acusan de operar bajo las órdenes de la república islámica, y desde entonces más de 8.000 personas han muerto y no se atisba una solución a corto plazo.

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