El Estado Islámico pierde su capital

Las fuerzas kurdo-árabes reconquistan Raqa tras más de cuatro meses de cerco

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Redacción / La Voz

Raqa, la capital del califato proclamando por el Estado Islámico, cayó el martes en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la coalición kurdo-árabe respaldada por Estados Unidos. Tres años después de la proclamación del estado terrorista en Irak y Siria, los yihadistas están confinados a una franja del valle del Éufrates, en la provincia de Deir al Zur.

Si Mosul fue el lugar elegido por Abu Bakr al Bagdadi como el púlpito donde declarar el califato, Raqa fue la sede de un gobierno que imponía el terror bajo la estricta interpretación de la ley islámica. Con Raqa, el EI pierde el centro de poder donde sus ministros de guerra y propaganda llamaban a sus acólitos a matar los infieles en Occidente. Donde fraguó sus planes el cerebro de los atentados de París, Abdelhamid Abaud. O donde verdugos como el británico Yihad John degollaba a rehenes como el estadounidense James Foley.

Ha pasado casi un año del lanzamiento de la operación Ira del Éufrates sobre el bastión yihadista y más de cuatro meses de cerco. Para la reconquista de Raqa ha sido vital los bombardeos aéreos de la coalición y el apoyo en tierra de fuerzas especiales estadounidenses. Pero la reconquista ha tenido un alto coste de vidas civiles: solo 1.130 desde junio, la mayoría de ellos en ataques aéreos. La ciudad está reducida a escombros y deshabitada. Desde enero, más de 3.000 bombas han caído sobre Raqa, devastando escuelas, hospitales y viviendas. No hay electricidad ni agua potable y la última panadería fue destruida hace unos días, según Al Yazira. La organización humanitaria Reach estimó que en Raqa solo permanencia el 1 % de los 300.000 habitantes que tenía antes de la guerra siria.

La ciudad tenía las horas contadas tras la rendición el domingo de 275 yihadistas sirios, gracias a la mediación de clanes tribales. EE.UU. critico el acuerdo, pero el mando de las FDS consideró que era la mejor forma de proteger a los civiles antes del asalto.

La batalla final se libró el martes en un hospital y un estadio, donde se habían atrincherado los últimos yihadistas extranjeros, la mayoría de Asia Central. Horas después, los milicianos festejaban la victoria con banderas kurdas en la triste famosa plaza de Al Naim, donde el EI llevaban a cabo sus ejecuciones públicas.

Las liberadas milicianas kurdas bajo el mando de Rojda Felat, comandante de la facción femenina de la YPG, fueron las encargadas de mostrar al mundo el triunfo frente a los fundamentalistas que imponían el burka y la esclavitud sexual a las mujeres. Mientras, otros combatientes proseguían las «operaciones de búsqueda para eliminar las células durmientes, si las hay, y para desminar la ciudad», explicó a AFP el portavoz Talal Sello.

Irak recupera los campos petroleros que administraba el Kurdistán

Las tropas iraquíes recuperaron el martes los campos de petróleo de la provincia de Kirkuk, tras la retirada de las fuerzas kurdas, arruinando las esperanzas de independencia de un Kurdistán iraquí en plena crisis económica.

Los soldados retiraron las banderas kurdas de los pozos petroleros de Bay Hasán y Havana para sustituirlas por las iraquíes. «Es una riqueza nacional, pertenece a Irak, igual que las riquezas naturales del conjunto de las regiones del país», declaró a la AFP el coronel de la Policía Federal, Ahmed Modhi, para justificar la operación.

Con el control de cinco de los seis campos de la rica provincia de Kirkuk, Bagdad recuperará una producción de más de 400.000 barriles de crudo por día (b/d), en cuanto retomen la actividad. Solo un campo menor, el de Jurmala, que produce unos 10.000 b/d de petróleo pesado, de inferior calidad, no fue recuperado por las fuerzas iraquíes.

Hasta ahora, casi tres cuartas partes del crudo eran exportadas a través del Kurdistán, en contra del interés de Bagdad. «Con la pérdida de estos campos, la cartera kurda se divide en dos», afirma el geógrafo francés Cyril Roussel. Pero más allá de la cuestión económica, «es el fin de la autonomía económica del Kurdistán y del sueño de independencia», agrega.

Este progreso marca un giro en la operación lanzada por Bagdad, que el lunes proclamó varias victorias simbólicas, tres semanas después del referendo de independencia, cuyo instigador, Barzani, está siendo duramente criticado incluso por su propio bando y ha reabierto viejas rivalidades entre el partido del presidente, el PDK, y el fundado por Yalal Talabani, la UPK .

Control de Sinyar

Las fuerzas iraquíes impusieron su autoridad en otros territorios disputados, tras la retirada previa de los peshmergas. Tropas de la Brigada 16 con el apoyo de la milicia yazidí Lalesh -afiliada a los paramilitares chiíes- tomaron el control de Sinyar, ocupada por los kurdos desde que expulsaron al Estado Islámico (EI) en noviembre del 2015. En la vecina provincia de Diyala, se retomó el control de Jalawla y Janaqin.

El presidente kurdo, Masud Barzani, apeló el martes a la «unidad» de la región y advertía que los resultados del referendo no quedarán «inutilizados». El jefe del Gobierno central, Haider al Abadi, en cambio, consideró que la consulta ya es «historia».

¿Quién se hace cargo ahora del gobierno de la ciudad?

Las preguntas se agolpan sobre el futuro de Raqa y sobre los pasos que dará EE.UU. La Administración Trump centraba hasta ahora la lucha contra el EI en el noroeste de Siria y todavía no ha aclarado si se unirá a la ofensiva del régimen sirio, apoyado por sus aliados rusos e iraníes, para expulsar a los yihadistas de la provincia de Deir al Zur.

La destruida y despoblada Raqa afronta un futuro político incierto. Estados Unidos y las FDS se han comprometido a entregar la ciudad a un Gobierno civil, pero es incierta la forma y la composición política de esa entidad. Factores étnicos, tribales y geopolíticos complican la entrega. Dos consejos compiten para hacerse cargo de la ciudad: el Consejo Civil de Raqa, fundado en abril y respaldado por el FDS, y el Consejo Provincial de Raqa, respaldado por el principal órgano de oposición exiliado en Turquía, la Coalición Nacional Siria. Este último afirma ser el sucesor natural del consejo civil formado en Raqa en el 2013 después de que el Ejército Libre Sirio y los grupos islamistas tomaran la ciudad tras la revuelta contra Bachar al Asad.

La alianza de combatientes árabes y kurdos son la punta de lanza en la lucha contra los yihadistas mimada por Washington, pero un dolor de cabeza para Turquía. Ankara intentará que las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), principal grupo guerrillero de las FDS, consiga afianzarse en Raqa y hacer realidad su proyecto de autonomía en lo que llaman Rojava. Trump aún no ha dicho nada sobre si permanecerá en el noreste sirio para brindar protección al incipiente miniestado forjado por los kurdo sirios.

También habrá que esperar a conocer el encaje en los planes de Damasco. El proyecto secesionista del Kurdistán iraquí y la respuesta de Bagdad puede envalentonar al Gobierno sirio y desafiar al enclave kurdo-sirio una vez que expulse definitivamente de su territorio al Estado Islámico.

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