China entroniza a Xi con un culto a la personalidad similar al que tuvo Mao

Sara R. Estella PEKÍN / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

JASON LEE | reuters

La cúpula del Partido Comunista aprobará su línea para los próximos cinco años

15 oct 2017 . Actualizado a las 09:35 h.

Escuadras militares con sus uniformes verdes de gala, similar peso y altura, entran en el imponente Centro de Exhibiciones de Pekín. De arquitectura claramente estalinista, fue diseñado por un arquitecto soviético y simboliza la incómoda alianza entre Mao y la URSS a mediados del siglo pasado, antes de que se produjera la revisión de Nikita Kruschev. Grupo a grupo van recorriendo las diez zonas temáticas en las que se divide la exposición en la que el Partido Comunista chino exhibe los logros de los primeros cinco años de mandato del presidente Xi Jinping.

Tras los militares, llega la gente de a pie. Durante dos meses, la muestra será una de las mayores demostraciones de culto a la personalidad de un líder chino, si no la mayor, desde los tiempos de Mao. En ella se alardea de la reducción de la pobreza, la polémica campaña contra la corrupción, vista también como parte de las luchas de poder entre las diferentes facciones del partido, o el impulso a las nuevas tecnologías con maquetas del telescopio gigante de Guizhou y de sus trenes de alta velocidad.

El espacio más amplio lo ocupa la exhibición de músculo con una enorme maqueta de casi 4 metros con réplicas de los tanques y misiles, todo acompañado con enormes fotografías del presidente Xi. Los analistas coinciden en que el actual líder chino es el más poderoso desde hace décadas, solo comparable al aperturista Deng Xiaoping y al fundador del régimen, Mao. Esa supremacía del presidente chino será visible también en el XIX Congreso del Partido Comunista que comenzará el próximo miércoles.

Este cónclave es la principal cita política en China y se celebra cada cinco años coincidiendo con el final del mandato de cada presidente o con la mitad del mismo, como es el caso de este año. La labor principal de los 2.287 delegados que participarán en la cumbre será elegir a los candidatos para liderar China en los próximos años. Del todopoderoso Comité Permanente, se espera que sean relevados cinco de sus siete miembros, todos menos Xi Jinping y el primer ministro, Li Keqiang.

En los últimos meses, los analistas han hecho quinielas, entre las que figura la posibilidad de que Xi Jinping alargue su mandato a partir de 2022, convirtiéndose en el presidente que más tiempo ha ostentado el poder en China desde Mao. Una pista de esta posible jugada la daría el hecho de que su mano derecha, Wang Qishan, de 68 años y supervisor de la campaña anticorrupción, continúe en el poder incumpliendo, la norma no escrita de retirarse de los altos cargos al cumplir 68 años. En el juego de conjeturas también se apunta a la posibilidad de que Xi releve a Li Keqiang, algo que sería una rareza en la China moderna, cuyos presidentes y primeros ministros han completado en total diez años de mandato. «Li es un primer ministro bastante débil, pero creo que continuará», vaticina Jean Pierre Cabestan, profesor de la Universidad Baptista de Hong Kong.

Más allá de la sucesión de los líderes, este Congreso determinará las políticas económicas con las que China va a ejercer su poder en el mundo. Con una economía que va camino de convertirse en la primera a nivel global y con un aumento de la presencia política y militar en el exterior, Pekín es mirado con recelo por sus competidores, especialmente EE.UU.

Xi Jinping va ganando influencia internacional casi al mismo tiempo que Donald Trump la pierde con decisiones como defender el proteccionismo o retirarse del acuerdo por el clima de París. Con todo, Pekín también tiene debilidades. Los observadores de derechos humanos ven con preocupación el aumento del control de la disidencia y de la censura. La muerte del nobel de la paz Liu Xiaobo en la cárcel este verano a causa de un cáncer y la misteriosa desaparición de su viuda se unen a la detención de cientos de activistas y de abogados los dos últimos años. Para Xi, la permisividad en las críticas podría debilitar su liderazgo y perjudicar a la supervivencia del régimen.