EE.UU. y Turquía tensan al límite su relación con la crisis de los visados

El detonante fue la detención de un empleado turco de la embajada estadounidense


Estambul / E. La Voz

Hace escasamente un mes, Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan ensalzaban la «gran amistad» que les unía. Pero en los últimos tiempos la relación entre Washington y Ankara ha estado llenas de altibajos, y desde ayer se encuentra en uno de sus peores momentos. Estados Unidos anunció a última hora del domingo la suspensión de visados, excepto los de inmigración, para los ciudadanos turcos. Ankara respondió con la misma moneda, copiando, palabra a palabra, el comunicado estadounidense.

El detonante de la crisis fue la detención, la semana pasada, de un empleado turco del consulado estadounidense en Estambul por espionaje e intento de derrocar al Gobierno turco por sus presuntos contactos con Fetullah Gulen, el clérigo musulmán exiliado en EE.UU. acusado de ser el cerebro del fallido golpe de Estado contra Erdogan.

La Embajada de Estados Unidos considera sin «fundamento» las acusaciones contra el empleado y alegó para justificar su decisión la necesidad de «reconsiderar el compromiso del Gobierno de Turquía respecto a la seguridad de las instalaciones y el personal de las misiones de diplomáticas».

Según medios locales, ayer la fiscalía ordenó la detención de otro empleado del consulado, cuya mujer e hijo ya han sido interrogados, aunque solo fue «invitado» a dar testimonio.

El Ministerio de Exteriores citó ayer al jefe adjunto de la misión estadounidense en Ankara, solicitando el «alivio inmediato» de las tensiones. Uno de los miembros del principal partido de la oposición, Engin Altay, hizo un llamamiento a Washington y Ankara a actuar con sensatez. «Este es un punto de inflexión para las relaciones entre turcos y estadounidenses», dijo. Desde Ucrania, Erdogan calificó la decisión de «lamentable». La crisis diplomática repercutió con fuerza en los mercados, con una caída de un 6 % de la divisa turca respecto al dólar. 

Acercamiento a Rusia e Irán

El aumento de las tensiones se enmarca dentro de un acercamiento del Gobierno turco a Rusia e Irán, tras los enfrentamientos con Estados Unidos por su apoyo a las milicias kurdas en Siria, a lo que se une la negativa a extraditar Fethullah Gulen. La semana pasada Erdogan sugirió el intercambio del clérigo exiliado en Pensilvania por un pastor americano detenido en Turquía hace un año. La táctica ha sido muy criticada por considerar que se está tratando al detenido como a un rehén.

La tensión coincide con una nueva operación del Ejército turco en Siria con el objetivo de crear en Idlib una zona segura, acordada con Rusia e Irán en las negociaciones de Astaná. Según ese pacto, Turquía entrará en todas las zonas liberadas y actuará como fuerza de separación entre el régimen y rebeldes afines a Turquía, mientras que Rusia hará lo mismo pero desde las áreas en poder del régimen. El domingo tuvieron lugar choques entre las tropas turcas y combatientes de Tahrir al Sham, alianza militar dominada por Fatah al Sham, conocido antes como Frente Al Nusra, brazo armado de Al Qaida.

Erdogan también ha insinuado que podrían bloquear el avance de la milicia kurda YPG, el principal aliado de EE.UU. en la lucha contra el Estado Islámico. El siguiente paso sería el enclave kurdo sirio de Afrín.

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