El misterio de los «ataques sónicos», ¿otro capítulo de la Guerra Fría Cuba-EE.UU.?

El pasado 29 de septiembre, apenas dos años después de la reapertura de la embajada de EE.UU. en la Habana por Obama, su sucesor en el trono de la Casa Blanca ordenaba la retirada del grueso de su personal diplomático y tres días más tarde expulsaba a 15 de los 23 diplomáticos de la de Cuba en Washington.

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A CORUÑA

 Era la respuesta de la administración Trump a los supuestos ataques acústicos de origen desconocido de los que habrían sido víctimas entre noviembre del año pasado y la pasada primavera 22 funcionarios norteamericanos y cinco canadienses en sus respectivas viviendas familiares y al menos en dos hoteles. Diez meses después de esos supuestos ataques las investigaciones del FBI, que contaron con la colaboración de las autoridades cubanas, no han logrado establecer el origen de los mismos ni si se han sido intencionados o consecuencia de un accidente y, se limita a justificar el regreso a casa de la mayoría de sus diplomáticos en Cuba.

De momento, lo único que le reprocha oficialmente el gobierno norteamericano al cubano es que no han  garantizado la seguridad de los diplomáticos extranjeros en su territorio. La orden de expulsión de los diplomáticos cubanos en EE.UU. según el secretario de Estado Rex Tillerson, responde a «la equidad en nuestras respectivas operaciones diplomáticas».

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, en respuesta a la expulsión de sus diplomáticos, denunció la falta de colaboración de EE.UU. con el Gobierno de la isla para el esclarecimiento de los supuestos ataques. Dijo en rueda de prensa que Washington les ha entregado «de forma tardía, pruebas carentes de valor»,

La réplica del portavoz del Departamento de Estado fue: que proporcionar información sobre la investigación «podría alertar a aquellos que llamaré gente mala que son los responsables de esto». Aclaró a continuación en la misma rueda de prensa que no se refería a los cubanos cuando hablaba de gente mala.

 Como en toda buena novela de espionaje, no se descarta que alguna otra potencia -Rusia, China, Corea del Norte o Irán- haya sido la responsable de estos ataques. También hay quienes barajan la hipótesis de que fuerzas disidentes dentro de la Seguridad del Estado de Cuba podrían haber tenido interés en conocer los entresijos de un acercamiento entre Obama y Raúl Castro.

Algo pasó

Aunque en un primer momento las autoridades norteamericanas descartaron que hubiese turistas afectados, días después de hacer pública la orden de expulsión de los diplomáticos cubanos, un funcionario del Departamento de Estado citado por las cadenas CBS y ABC indicaba: «hemos recibido un puñado de informes de ciudadanos estadounidenses que reportan que han experimentado síntomas similares (a los de los ataques sónicos) después de estancias en Cuba».El mismo funcionario puntualizó que «no tenemos manera de verificar si fueron afectados por los mismos ataques dirigidos a oficiales empleados de Estados Unidos».

Bert Hoffmann, del Instituto GIGA de Estudios Latinoamericanos de Hamburgo, en declaraciones al digital alemán www.dw.com, considera que se aprovecharon los incidentes «para dar un mensaje de mano dura hacia Cuba. En ese sentido, creo que son utilizados y no son la razón realmente». Este politólogo reprocha al gobierno de Trump el «hacer de eso un escándalo político», aunque acota: «sí pasó algo, y la parte cubana tampoco se ve bien en eso. No sabemos si fueron los cubanos, o si fue otra parte, o si fue un accidente; hay muchas especulaciones, pero algo pasó».

Por su parte, el profesor Piero Gleijeses, de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, está convencido de que «el gobierno cubano no tiene nada que ver con esto, porque La Habana tiene interés en mantener relaciones con Estados Unidos». Explica que, si bien en Cuba hay pequeños sectores que temían que la apertura hacia Estados Unidos pudiera llevar a concesiones en el plano ideológico, se trata de una minoría sin fuerza. Atribuir lo ocurrido a algún grupo dentro del gobierno cubano,«para mí no tiene ningún sentido, porque hay mucha disciplina dentro del gobierno cubano“, afirma.

Daños colaterales

Si los supuestos ataques sónicos han tenido o no efectos nocivos sobre la salud de los diplomáticos americanos en Cuba y especialmente sobre la red de espías de EE.UU. que supuestamente operaba en la isla por aquellas fechas es algo que los médicos cubanos no han tenido oportunidad de verificar, al menos hasta la fecha. Lo que sí ya es verificable son los daños colaterales sobre la ciudadanía de la isla y su maltrecha economía.

 El gobierno de Donald Trump, que desde el primer momento no ocultó su aversión a los acuerdos alcanzados por el de Obama con el de Cuba, ya canceló por tiempo indefinido la concesión de nuevas visas para la entrada de ciudadanos cubanos en EE.UU., frenando así el proceso de reunificación familiar y ha aconsejado a los turistas norteamericanos que no viajen a la isla.

 Si algo está claro a estas alturas de la película es que Cuba, no resulta beneficiada de este nuevo enfriamiento en las relaciones con Estados Unidos. Bert Hoffmann lo califica como «una complicación mayor» para La Habana y explica: «la economía está en crisis ya, con el descenso del comercio con Venezuela y los efectos del huracán Irma, incluyendo los efectos que tendrá sobre la temporada turística, que también va a ser muy baja».

Distintos analistas coinciden en que no es probable que se llegue a una nueva ruptura de las relaciones diplomáticas porque tampoco le conviene a los intereses norteamericanos, pero no descartan que se mantengan bajo mínimos, al menos mientras dure Trump en la Casa Blanca. Al final se quedará en un nuevo capítulo de la Guerra Fría, aunque un poco más tibia.

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