El éxodo de rohinyás no se detiene pese a un naufragio con 60 muertos

China y Rusia dan la espalda a la «pesadilla humanitaria» en el Consejo de Seguridad


Redacción /La Voz

Cuando la cifra de rohinyás que han huido a Bangladés supera el simbólico umbral del medio millón y el flujo no deja de crecer pese al mal tiempo que trae el monzón, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha clamado por una reacción internacional ante la «pesadilla humanitaria» que vive la minoría musulmana en la budista Birmania. El Consejo de Seguridad evidenció una vez más su fractura ante las crisis. Más allá de las habituales condenas a la violencia, China y Rusia rechazaron cualquier injerencia en los asuntos interiores birmanos.

En la tragedia sin fin de los rohinyás, un naufragio dejó 60 muertos en el mar, la mayoría niños y mujeres. «Mi esposa y mis dos hijos sobrevivieron. Pero he perdido a mis tres hijas», explicaba ayer entre llantos Shona Miah a la AFP mientras velaba los cadáveres en el suelo de una escuela cercana a la playa en Cox's Bazar. Hay 23 muertes confirmadas y 40 personas están desaparecidas y «presuntamente ahogadas», según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La embarcación de refugiados había zarpado el miércoles por la noche de una aldea costera de la región birmana de Rakhine rumbo a la playa bangladesí. Según testigos, naufragó muy cerca de tierra firme debido a las lluvias torrenciales y los fuertes vientos que azotan en el golfo de Bengala.

La minoría apátrida siguen llegando a Bangladés pese a las promesas del Gobierno birmano de que pueden volver a sus aldeas sin peligro. El Gobierno de Bangladés y las oenegés están desbordadas por la marea humana. En los últimos diez días han llegado 80.000 personas. Ayer, la policía cerró el paso a más de 20.000 que querían cruzar la frontera. Miles de ellos optan por lanzarse al mar pese a las malas condiciones meteorológicas. De la bahía de Bengala se han recuperado 133 cadáveres en un mes.

La embajadora de EE.UU. ante la ONU, Nikki Haley, dijo que la limpieza étnica de los rohinyás debe avergonzar al Gobierno de Aung Sang Suu Kyi y propuso a los países del Consejo de Seguridad imponer un embargo de armas al Ejército birmano. China y Rusia se alinearon con Birmania y defendieron sus esfuerzos para estabilizar la situación. China, con interese económicos en el país vecino, subrayó que confía en el trabajo de las autoridades para solucionar la crisis y pidió «paciencia» y «apoyo».

Guterres pidió al Gobierno birmano un «acceso humanitario» a Rakhine, en medio de las denuncias de la Cruz Roja sobre los riesgos sanitarios y el temor a una epidemia de colera ante las desastrosas condiciones de higiene en los campamentos de refugiados en Bangladés.

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