Venezuela: ¿Diálogo Gobierno-oposición , por fin, o más de lo mismo?

Tras dos intentos fallidos, Rodríguez Zapatero no ha tirado la toalla y vuelve a la carga en su afán de resolver la crisis venezolana sentando de nuevo en la mesa de diálogo al Gobierno y a la oposición. De momento solo ha conseguido un prediálogo la semana pasada en la República Dominicana

Zapatero y Maduro, en uno de sus encuentros
Zapatero y Maduro, en uno de sus encuentros F. Batista

Un Nicolás Maduro acuciado por la creciente presión internacional y por el asfixiante efecto sobre sus maltrechas finanzas de las últimas sanciones económicas decretadas por la administración Trump, que se pueden complicar aún más ante la seria advertencia de las autoridades comunitarias de seguir su ejemplo, recurrió de nuevo a su mediador de cabecera y a los hermanos Rodríguez -Jorge y Delcy Eloina- para que convenzan a los representantes políticos de la gran mayoría social venezolana de escenificar una nueva mesa de diálogo.

Las dos partes se necesitan

¿Va en serio o se trata de una nueva maniobra para ganar tiempo? Hay división de opiniones entre los analistas que siguen de cerca el devenir de la crisis venezolana. Los menos pesimistas como Pedro Benítez (www.alnavio.com) consideran que en la actual coyuntura las dos partes se necesitan, algo que no tenían claro después de los acontecimientos de los últimos meses que a Maduro lo están aislando a nivel internacional y a la oposición le han dejado un saldo de víctimas -muertos, heridos, presos políticos- sin precedentes.

Destaca este analista que en el llamamiento al diálogo lanzado esta vez por Maduro es la primera vez que reconoce en la oposición la existencia de adversarios políticos. Hasta ahora solo era el enemigo interno.

Pareciera que ha caído en la cuenta de que para sobrevivir políticamente necesita levantar la economía, frenar la hiperinflación actual, la escasez de productos básicos la inseguridad para afrontar las hipotéticas elecciones presidenciales del año que viene, que sabe que no puede ganar, pero sí evitar una derrota más contundente incluso que la sufrida en las parlamentarias de hace dos años.

Por su parte, la oposición, si quiere llegar al poder por la vía constitucional, no le queda más remedio que sentarse a negociar un cronograma político y derrotar a Maduro en unas elecciones, primero en las regionales, previstas para el 15 de octubre y unas presidenciales a celebrar el próximo año.

Otros son más pesimistas y/o realistas. Así, el ex presidente Felipe González, excelente conocedor de la realidad venezolana y menos afín a Maduro que Rodríguez Zapatero, en declaraciones, realizadas la pasada semana a un diario ateniense manifestó sin rodeos que «el nuevo intento de diálogo, desgraciadamente no llegará a ninguna parte», porque no tiene ni agenda ni objetivos.

Para empezar

Entre los seis puntos impuestos por Maduro para sentarse a dialogar incluye tres difícilmente asumibles por la oposición: el acatamiento por la Asamblea Nacional de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia en relación con el supuesto desacato, el reconocimiento de la actual Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que, no por casualidad preside Delcy Eloina y la participación en la Comisión de la Verdad, Justicia y Paz emanada de la ANC, que tal y como está plantada es lo más parecido al tribunal de la Inquisición.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) informó de sus condiciones mínimas para sentarse a negociar: Renovación equilibrada del Consejo Nacional Electoral, establecimiento de un cronograma electoral con garantías de pulcritud, sin inhabilitados, fechas precisas, incluyendo la elección presidencial, y una calificada observación internacional. La liberación de presos políticos, el retorno de los exiliados y el cese de la persecución política. La normalización constitucional del país y la inmediata atención a la emergencia humanitaria que vive el país.

Con garantías

Tras la primera reunión exploratoria celebrada el 13 en Santo Domingo, el diputado Luis Florido en calidad de portavoz de la MUD, dejó claro en rueda de prensa que hasta que no existan garantías de que lo que se acuerde se va a cumplir, no se iniciará la negociación con el Gobierno.

Con este panorama los más escépticos temen que se trate de una maniobra más de Maduro y su cohorte para ganar tiempo y provocar la desconfianza de las bases de los partidos de la oposición ante las elecciones regionales a gobernadores anunciadas para el 15 de octubre, algo que encaja perfectamente con el currículo antidemocrático del actual inquilino del palacio presidencial de Miraflores. Tiempo al tiempo.

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