París y Berlín aguarán los planes de Juncker para el futuro europeo

Alemania echa el freno a la ampliación de la moneda única


bruselas / corresponsal

¿Tiene futuro el plan de Jean-Claude Juncker para la UE? Una Europa acompasada, integrada, unida, que tienda la mano a los Balcanes, con una moneda única para el 2025, un espacio de libre circulación (Schengen) para los 27, un presupuesto y un ministro del euro, nada menos. Es el sueño que el miércoles el presidente de la Comisión Europea describió ante la Eurocámara. Muchas ideas..., pero pocos detalles sobre cómo tiene pensado convencer al eje francoalemán para que mueva ficha.

Si algo ha quedado claro la última década es que el proyecto europeo avanza a ritmo teutón. Ninguna de las iniciativas podrán salir adelante sin el visto bueno de Berlín, siempre reacia a los cambios que no tengan denominación de origen germana. Aunque la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, coinciden en las líneas generales del plan de Juncker para Europa, en los detalles y la letra pequeña es donde los dos líderes encuentran margen de maniobra para atar en corto al luxemburgués.

¿Qué pasará con el pulso del este? Juncker aboga por forzar a Polonia y Hungría a cumplir con el Estado de derecho, con los valores europeos. Aunque pide una reconciliación entre el este y el oeste, Berlín y París están decididos a avanzar sin ellos, sin el lastre euroescéptico que suponen los Gobiernos de Budapest y Varsovia para avanzar en algunos dosieres relacionados con la migración. Algunos problemas vendrán por ese flanco. Y no desde terceros países, sino desde dentro de la propia UE.

La idea de abrir Schengen para Bulgaria y Rumanía supone un quebradero de cabeza para Macron. El francés está lidiando con la presión de sindicatos y trabajadores, quienes denuncian la competencia desleal de los migrantes del este. Por el momento ha conseguido que la UE acceda a revisar la directiva de trabajadores desplazados. Tampoco está claro que el galo vaya a apoyar a ciegas los planes de Bruselas para negociar acuerdos de libre comercio con países como Australia y Nueva Zelanda si no se garantizan estándares de protección para las industrias galas. París sí apoya la propuesta de Juncker de crear un mecanismo europeo de supervisión de las inversiones extranjeras en infraestructuras clave del país, una medida que no ven con bueno ojos países como España.

Las reticencias de Berlín asoman por el flanco monetario. ¿El euro implantado en toda la UE para 2025? No suena bien a Merkel, quien ya dejó claro en el pasado que la mejor manera de avanzar en la integración es hacerlo a varias velocidades, evitando sacudidas. La canciller estaría dispuesta, como Macron, a reformar los Tratados si hiciera falta para diseñar un presupuesto común para la zona euro financiado a partir de los ingresos por IVA y un eventual impuesto a las transacciones financieras. Todo supervisado por un ministro de Finanzas del euro y un Parlamento. Eso sí, con garantías. Asegurándose de que el científico loco de la austeridad y presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, se hace con la batuta del Banco Central Europeo. Nada de eurobonos duros ni respaldar deuda emitida en el pasado. Bonos blandos y en un futuro más lejano.

Algo de esto empezó a verse este viernes en Tallín, la capital de Estonia, que ocupa este semestre la presidencia de la UE y donde se reunieron los titulares del eurogrupo. Según Colpisa, los ministros del euro comenzaron a pararle los pies a Bruselas. Eso sí, por ahora poco a poco y con calma. «No podemos olvidar lo que pasó en Grecia», advirtió el alemán Schauble para recordar lo «problemático» que puede resultar para la Unión Económica y Monetaria que los países candidatos no cumplan todos los requisitos. «El proceso debe ser gradual», remarcó por su parte el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

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