El Reino Unido tantea un «brexit»sin el cierre de fronteras con Irlanda

Bruselas reclama un debate político antes de plantear soluciones técnicas para la provincia del norte

R. P.
REDACCIÓN / LA VOZ

Después de anunciar el martes su propuesta de establecer una unión aduanera temporal tras el brexit, el Gobierno británico avanzó ayer su postura respecto a la nueva relación que se establecerá entre Belfast y Dublín a partir de marzo del 2019. En el segundo documento publicado antes de las negociaciones con Bruselas el próximo 28 de agosto, Downing Street subraya su compromiso de no levantar «ninguna infraestructura física» en la frontera, ya sean puestos de control o cámaras de seguridad, en los más de 200 puntos de paso entre los dos países.

Junto a la cuestión económica y de los ciudadanos, Irlanda del Norte es otro de los puntos críticos en las negociaciones con Bruselas. De fondo está el miedo a sufrir nuevos episodios de violencia, en una frontera de 400 kilómetros y por la que diariamente cruzan más de 30.000 personas sin controles de ningún tipo.

Por el momento, el Gobierno de Theresa May contempla dos posibles escenarios: uno sin frontera y otro con registros puntuales. Si bien es cierto que los negociadores británicos son conscientes de que un acuerdo a medida es imposible, sí que han expresado su deseo de conservar en todo el conjunto territorial irlandés el «Área de Circulación Común» (CTA, por sus siglas en inglés), con libre tránsito de británicos e irlandeses y sin controles fronterizos marítimos en las aguas que separan Inglaterra, Gales y Escocia de Irlanda e Irlanda del Norte, al no ser viables «ni desde un punto de vista constitucional ni económico».

En un artículo publicado en The Irish News, la primera ministra británica, Theresa May, se comprometió a seguir financiando los programas de paz que la Unión Europea mantiene con la provincia del norte. «Hay algunos programas europeos que queremos seguir financiando y el de Irlanda del Norte es uno de ellos», sostuvo la líder tory. «No daremos marcha atrás en los avances históricos que hemos conseguido con Irlanda del Norte y en toda la isla», añadió.

Desde la firma de los Acuerdos de Viernes Santo en 1998, que terminaron con décadas de conflicto entre norirlandeses nacionalistas y unionistas británicos, la UE ha destinado más de 1.500 millones de euros a consolidar la paz en el Úlster.

La Comisión Europea, por su parte, mostró prudencia. «Es esencial que tengamos un debate político antes de que estudiemos soluciones técnicas», señaló ayer en rueda de prensa la portavoz del Ejecutivo comunitario, Annika Breidthardt, quien además se refirió al otro texto presentado por Londres que sugería una unión aduanera temporal. «Solo abordaremos [la posible unión aduanera] cuando hayamos alcanzado progresos suficientes en términos de la salida ordinaria», matizó.

El Gobierno irlandés también dio la bienvenida a la tesis británica, aunque recordó que «proteger el proceso de paz es crucial y no debe convertirse en moneda de cambio en las negociaciones».

La posición de Irlanda del Norte

En el referendo del brexit, un 56 % de los norirlandeses optaron por quedarse en la Unión Europea, llegando al 65 % en las zonas fronterizas con Irlanda. Mientras Londres y Bruselas marcan sus posiciones, los dos principales partidos de Irlanda del Norte, el republicano nacionalista Sinn Féin y el unionista DUP, continúan sin llegar a un acuerdo de Gobierno tras las elecciones de marzo. El plazo ha sido prorrogado varias veces por el Ejecutivo de Theresa May, que podría intervenir su autonomía.

Londres teme que una barrera física reavive la tensión en la zona y dañe la economía

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