Macron dilapida en cien días el favor de los franceses

Frente a la pérdida de apoyo popular en su país, está el prestigio como líder a nivel internacional

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R. P. redacción / la voz

Cien días después de pisar el Elíseo, Emmanuel Macron ha perdido el favor de los franceses. El presidente más joven de la historia de Francia y el hombre que ganó a la ultraderecha de Marine Le Pen cae en picado en los sondeos. Menos de cuatro de cada diez franceses (36 %) dicen estar satisfechos con el mandato frente al 62 % de apoyo que tenía recién llegado al palacio presidencial. El porcentaje más bajo en un presidente francés a estas alturas de gobierno. Solo el presidente conservador Jacques Chirac había sufrido un descenso tan pronunciado de su popularidad al inicio de su mandato.

«Macron frente al desamor de los franceses», titulaba el diario conservador francés Le Figaro. Solo el semanario británico The Economist (un medio habitualmente crítico con Francia) lo salva de la quema y lo muestra en portada caminando sobre el agua, bajo el título «¿El salvador de Europa?». En el fondo, los pies de una mujer -se supone que Theresa May- apenas sobrepasan la superficie acuática.

Pero, para sus compatriotas, el presidente es todo imagen y poco fondo. El giro personalista -alejándose del presidente normal defendido por Hollande- quedó de relieve en la misma noche de su victoria electoral con su paseo en solitario junto a la pirámide del Louvre. La escenografía de un hombre solo frente a los retos insuperables está en los orígenes de la historia política de Francia. Pero esa imagen puede tener su contrapunto negativo. El riesgo es «que los franceses pasen progresivamente del ‘es brillante y consigue todo lo que emprende’ a ‘de hecho, todo esto, es solo imagen’», señala a la agencia AFP Jérôme Fourquet.

La pareja atípica que forma con su mujer Brigitte parece en cambio gustar más a los franceses. Pero ha tenido que olvidarse de su proyecto de dar un estatus oficial a la primera dama. 

Éxitos y críticas

Ha cumplido varias promesas de campaña, como el voto de una ley de moralización de la vida política tras los escándalos como el caso Fillon que salpicaron la campaña electoral. Pero otras medidas, como las que buscan limitar el déficit, han indignado a los franceses. Los funcionarios, por ejemplo, se muestran descontentos con su remuneración, mientras que los jubilados están molestos con un impuesto que reducirá sus pensiones. Las familias más modestas, que han visto cómo se reducían sus ayudas, también están en desacuerdo.

Un punto de inflexión fue la renuncia del jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Pierre de Villiers, tras el anuncio de recortes en el gasto militar, que tensó su relación con los militares. A eso hay que unir la dimisión de cuatro ministros cuando apenas llevaban un mes al frente de sus departamentos, incluido el de Justicia, François Bayrou, por sospechas de nepotismo o investigaciones judiciales en sus partidos.

La oposición le recrimina confundir autoridad con autoritarismo. Además, critica la inexperiencia de los diputados de La República en Marcha procedentes de la sociedad civil. La base electoral del presidente parece frágil y su línea centrista, con un programa «de izquierda y de derecha», es atacado por todos los bandos. «Todavía no se ha hecho nada difícil», advirtió uno de los pesos pesados de la oposición conservadora, Eric Woerth. El otoño se anuncia movido con la reforma laboral,. Dos sindicatos ya convocaron acciones para el 12 de septiembre.

En el plano internacional, Macron ha tenido más éxito y ha sabido lidiar con los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump, a los que recibió con todos los honores en París, a pesar de las críticas. Ferviente proeuropeo, Macron apuesta por rehabilitar el jefe francoalemán con Angela Merkel, e impulsar una Unión Europea, desgastada por el brexit.

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