La salida del euro divide al Frente Nacional

La dirigente de la formación ultraderechista está dispuesta a abandonar la causa para seducir a más electores

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parís / corresponsal

La cúpula del Frente Nacional (FN) se esmeró ayer en dar una imagen de unidad tras el cierre del seminario de dos días sobre las reformas que llevarán a cabo en 2018. El número dos del partido, Florian Philippot, aseguró en una entrevista que desde el viernes «el ambiente fue muy positivo y muy constructivo» sin «ajustes de cuentas».

No obstante, las divisiones han comenzado a hacer estragos entre los ultraderechistas. Tras la derrota en la segunda vuelta de las presidenciales, la propuesta de la salida del euro ha sido señalada por varios miembros del partido como uno de los mayores obstáculos para obtener más votos. Si bien Marine Le Pen está dispuesta a abandonar la causa para seducir a más electores, su número dos no cuenta con ceder. Philippot lo dejó claro ayer insistiendo en que no renunciará «a la soberanía de mi país».

El vicepresidente del FN trató de evitar responder a más preguntas sobre el tema, asegurando que el debate a puerta cerrada «no se limitó a la reforma de dicha cuestión». «Estoy a favor de que el FN continúe abriéndose a los grandes temas y a la sociedad civil», declaró advirtiendo también que la ultraderecha «no puede dar un paso atrás y volver a hablar tan solo de inmigración, inseguridad e islamismo».

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El cambio de imagen se ha convertido en la prioridad más urgente del FN. El 28 de junio, Le Pen declaró su intención de reformar profundamente el partido para acoger a los electores que les arrebató la derecha tradicional de Los Republicanos entre las presidenciales y las legislativas. «¡Quiero cambiarlo todo!», clamó: «el funcionamiento, el nombre y superar el FN». Para el cambio de nombre, un punto en el que todos los directivos del partido están de acuerdo, Philippot precisó ayer que dejarán «cancha libre a los afiliados» para que hagan propuestas en una consulta en septiembre.

Desde el fracaso en las presidenciales, el FN ha vuelto a los márgenes de la política francesa. Los 10,6 millones de votos que cosecharon en la segunda vuelta no llegaron a traducirse en las legislativas, en las que Emmanuel Macron obtuvo una victoria aplastante, y la extrema derecha acabó sin siquiera un grupo parlamentario en la Asamblea Nacional. Con tan solo ocho diputados, una veintena menos de lo que esperaban tras las presidenciales, a la ultraderecha le cuesta mantener su promesa de ser «la primera fuerza de oposición al gobierno de Emmanuel Macron» que hizo Le Pen inmediatamente después de su derrota.

Pese a haber sido duramente criticada por varios miembros de su propio partido, el liderazgo de la presidenta no ha sido puesto en duda por ahora. Philippot creó tras las elecciones una facción dentro del partido, Los Patriotas, pero aseguró que no busca cuestionar la autoridad de su presidenta. «No es lo que deseo y no veo por qué habría candidatos frente a Marine Le Pen cuando consiguió casi once millones de votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, lo cual es inédito».

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