La Explanada de las Mezquitas dispara la tensión entre palestinos e israelíes

Miles de musulmanes se manifestaron en una decena de urbes contra Israel por limitar el acceso a la mezquita de Al Aqsa

F. E.
REDACCIÓN / LA VOZ

Según la tradición islámica, el profeta Mahoma subió al cielo en su caballo justo donde hoy se sitúa la Cúpula de la Roca, cuya construcción comenzó al este de Jerusalén en el año 687. A pocos metros está la mezquita de Al Aqsa, tercer lugar de culto para los musulmanes, después de La Meca y Medina. Una semana después de la muerte a tiros de dos policías israelíes a la salida del centro religioso, la tensión se disparó. Benjamin Netanyahu decidió prolongar los controles de seguridad, ignorando los temores de las autoridades policiales.

La medida dejó ayer tres muertos y más de 400 heridos cerca del lugar, conocido como la Explanada de las Mezquitas. Poco antes del rezo de los viernes, Israel confirmó que mantendría los detectores de metales, decisión que despierta enorme rechazo entre los palestinos, además de prohibir la entrada a los varones menores de 50 años y a los periodistas, que no pudieron acceder a la zona durante los sucesos. En señal de protesta, miles de personas se reunieron en las inmediaciones del recinto cortando las calles y escenificando su rechazo a la autoridad israelí. Al término de la oración, centenares de personas lanzaron piedras, botellas de agua y otros objetos contra los policías, que reprimieron a los asistentes con gases lacrimógenos y balas de goma. Son los altercados más graves registrados dentro de una semana de tensiones y revueltas.

La zona, también conocida como el monte del Templo y que colinda con el Muro de las Lamentaciones, es el primer lugar de culto para los judíos. El embajador palestino en España, Musa Amer Odeh, teme que los judíos más radicales busquen destruir la mezquita para levantar un tercer templo en Jerusalén.

Indignación generalizada

Es la primera vez desde 1969 que el Estado hebreo prohíbe el acceso a la explanada, algo que no pasó desapercibido para la comunidad musulmana. El descontento se expandió ayer a otras ciudades cisjordanas como Tulkarem, Belén, Jericó, Qalandia y Hebrón, donde más de 100 personas rezaron en un campo de fútbol como muestra de solidaridad.

En Jordania, que gestiona los templos religiosos de Jerusalén este, más de 8.000 ciudadanos salieron a las calles de Amán para pedir la liberación «de los ocupantes sionistas». Estambul supuso otro foco de tensión esta semana, después de que un grupo ultranacionalista atacase con piedras la sinagoga más grande de la ciudad.

El presidente palestino, Mahmud Abás, telefoneó ayer al responsable de Oriente Medio de EE.UU., el yerno del presidente, Jared Kushner, exigiéndole que intermediara con los israelíes. Una propuesta que no comparte el líder de Hamás, Ismail Haniye, quien instó al mandatario a «detener la cooperación de seguridad con Israel» y exigió celebrar una conferencia árabe e islámica para «tomar la mezquita de Al Aqsa», en una manifestación de ayer en la franja de Gaza.

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