Un seguidor de Sanders dispara y hiere a un dirigente republicano

El tiroteo, en Virginia, reabre otra vez el debate sobre las armas


nueva york / corresponsal

Se llamaba James T. Hodgkinson, tenía 66 años y fue el encargado de que en EE.UU. volviese a cundir el pánico. «Pudo haber sido una masacre», dijo nervioso el excandidato presidencial Rand Paul. Él fue uno de los congresistas que se vio ayer en medio de una lluvia de balas.

Todo comenzó pasadas las siete de la mañana, cuando más de 20 republicanos del Congreso se concentraban en el Eugene Simpson Stadium Park de Alexandria, Virginia, a escasos 35 kilómetros del Capitolio. Los congresistas lucían los mismos uniformes rojos y blancos que hoy vestirán en el partido de béisbol con fines benéficos que les enfrentará a los demócratas. Entonces, un fuerte estruendo interrumpió su entrenamiento. «Fue una locura», describió el parlamentario, Mo Brooks.

Hodgkinson empuñó su M-4 -fusil de asalto utilizado por la infantería de EE.UU. y desde la tercera base disparó contra todo y contra todos. Uno de los primeros en caer fue Steve Scalise. El tercer republicano de mayor rango en la Cámara de Representantes fue alcanzado en la cadera, aunque su vida no corre peligro. Como él, otras cuatro personas fueron ingresadas.

El atacante, sin embargo, murió tras ser alcanzado por los disparos de los agentes que evitaron lo que podía haber sido un verdadero baño de sangre. «Pasamos mucho miedo, disparó decenas de tiros. Mi hijo de diez años se escondió debajo de un coche, yo detrás del banquillo con otros congresistas», dijo el congresista Joe Barton.

El FBI ha liderado la investigación y, aunque todavía es pronto para conocer los motivos del asalto, no se descarta que puedan ser políticos; y es que antes de su ataque, Hodgkinson preguntó si los jugadores eran demócratas o republicanos. Además, ha trascendido que en su cuenta de Facebook, el atacante había amenazado al presidente y expresado su respaldo al excandidato demócrata, Bernie Sanders. «Estoy asqueado por este acto despreciable», dijo el ex senador que también reconoció que el atacante había estado en su campaña.

El ataque coincidió con el 71 cumpleaños de Donald Trump, quien tras anunciar la muerte del tirador hizo un llamamiento a la unidad del país. Tras el tiroteo resurgió el debate sobre las armas y su fácil adquisición. Casualmente, la Cámara de Representantes tenía previsto ayer revisar una legislación para facilitar la compra de silenciadores para las armas de fuego. «Hay demasiadas armas en este país», denunció el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe. Y es que con 321 millones de habitantes hay al menos 270 millones de armas de uso privado, un derecho amparado por la Constitución y que deja la proporción más alta del mundo, con nueve armas por cada diez ciudadanos.

El presidente se enfada con el escritor Stephen King y le bloquea el acceso a Twitter

«Bloqued by Trump» [Bloqueado por Trump] es el nuevo hashtag que circula por las redes sociales después de que el escritor estadounidense, Stephen King, haya revelado que Donald Trump le ha negado el acceso a su cuenta de Twitter. «Trump me ha bloqueado. A lo mejor tendré que suicidarme», bromeó el autor antes de que la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, saliese al rescate. «Yo aún tengo acceso. Te los enviaré a través de Direct Message (la opción de enviar mensajes privados directos)», tuiteó.

King usa su perfil para criticar al presidente regularmente. «Cuando crees que Trump no puede hacer nada más estúpido que disparar contra los saudíes, va y se retira del Acuerdo de Paris», dijo de la reciente decisión del republicano, a quien ha llamado «idiota con mal temperamento». La acción del bloqueo implica que el novelista no pueda leer los tuits del presidente, algo preocupante para muchos ya que según la Casa Blanca, los mensajes de Trump en esa red social deben ser considerados comunicados oficiales del Gobierno. Es por esto que varias voces aseguran que la nueva estrategia supone una violación de la primera enmienda de la Constitución, que protege la libertad de expresión.

Al bloqueo de King se ha sumado la de otros críticos como el columnista de Forbes, Rob Szczerba, o Megan Ackerman. «Honestamente, es un honor para mi», dijo la celebridad.

Trump considera «mezquina» su contrarreforma sanitaria

El pasado 4 de mayo Donald Trump se hizo la «foto de la victoria». Es así como muchos medios bautizaron el momento en el que el presidente se rodeó de los congresistas republicanos en los jardines de la Casa Blanca y celebraron la aprobación por la Cámara de Representantes de un proyecto que desmantelaba la reforma sanitaria de Obama, condenando a más de 20 millones de personas a perder su seguro médico. En aquel momento, el neoyorquino lo definió como «un gran plan». Ahora, en cambio, cree que la propuesta es «mezquina».

Así lo hizo saber el pasado martes a varios senadores, a los que pidió una versión más «generosa» porque la aprobada por la Cámara Baja no protegía lo suficiente a los estadounidenses. El movimiento es puramente estratégico, ya que el presidente necesita una ley sanitaria que sea fácil de defender y que no sea vista como un ataque a los ciudadanos de bajos ingresos. Trump trata de preparar así el terreno teniendo en cuenta que los senadores deben votar su propio proyecto de ley antes del próximo 4 de julio.

El presidente además, advirtió a los senadores que, de no revocar el Obamacare después de siete años de luchas en Capitol Hill, habría un riesgo serio de perder la mayoría de cara a las legislativas del 2018. En el supuesto de que la propuesta del Senado fuese distinta a la de la Cámara de Representantes, entonces ambas mesas tendrían que reunirse para pactar un plan común. Por este motivo, la conformación de la mesa del Senado está sujeta a fuertes críticas. A pesar de que son 126 millones de mujeres las que se verían afectadas por los cambios de la ley, las negociaciones serán dirigidas por trece hombres y ninguna mujer.

Por su parte, los demócratas se embarcaron ayer en una nueva guerra contra el presidente. Casi 200 congresistas pertenecientes al partido demandaron a Trump por recibir pagos de gobiernos extranjeros. En su opinión, el mandatario habría violado la cláusula de emolumentos de la Constitución al aceptar los pagos que Turquía, Arabia Saudí y Kuwait, hicieron al Trump International Hotel en Washington sin tener el preceptivo consentimiento del Congreso. Se trata de la mayor demanda de miembros del Congreso contra un presidente en ejercicio y llega justo después de las presentadas por las fiscalías de Maryland y Washington D.C. con la misma acusación.

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