Francia decide hoy si le da a Macron mayoría para gobernar a sus anchas

Las legislativas confirmarán la recomposición de la clase política francesa


parís / corresponsal

Francia decide hoy en las urnas si es verdad lo que han dicho las encuestas las últimas semanas, que quiere dejar gobernar a Emmanuel Macron con una mayoría absoluta. En una proeza sin precedentes, el partido del presidente, La República en Marcha (LRM), llega a la primera vuelta de las legislativas con una clara ventaja en los sondeos sobre el resto de rivales, un 31 % de la intención de voto que se traduciría en una cosecha de entre 397 y 427 escaños de los 577 disponibles. Los Republicanos (LR), que se presentan en coalición con la Unión Democrática Independiente, serían la segunda fuerza con entre 95 y 115 (en lugar de los 199 actuales). El Partido Socialista (PS) sigue en caída libre desde unas presidenciales desastrosas y no acumulará más de 32 escaños. En cuanto a los extremos, la Francia Insumisa podría batir su récord y formar grupo parlamentario, con entre 11 y 21 escaños y el Frente Nacional (FN) se quedaría a las puertas, con entre 5 y 15.

Tras la victoria de Macron el pasado mayo, la izquierda y la derecha se lanzaron a una agresiva campaña para compensar en las legislativas el haberse quedado fuera de la segunda vuelta de las presidenciales. Sin representantes en ninguna circunscripción y menos de un año de vida, LRM parecía dejar en bandeja la Asamblea Nacional a los dos grandes partidos tradicionales. Sin embargo, el sucesor de Hollande presentó un gobierno liderado por Edouard Philippe, de LR, compuesto por conservadores y socialistas, que abrió las puertas a una colaboración entre ambos partidos. Las divisiones en las dos agrupaciones, que ya les habían obstaculizado durante las presidenciales, se acentuaron. En la derecha moderada, pesos pesados como la diputada Kosciusko-Morizet y el exministro y alcalde de Niza Christian Estrosi llamaron a «responder a la mano tendida» de Macron mientras el ala más conservadora lo acusaba de querer «debilitar la derecha».

El PS trató en vano de frenar las deserciones hacia LRM pues la presencia de miembros prominentes del partido en el gobierno de Philippe, como el ministro de Europa y Asuntos Exteriores Jean-Yves Le Drian, rompía con su discurso ser la oposición en la izquierda, una etiqueta que recuperó Jean-Luc Mélenchon con su movimiento de izquierda radical.

Pese a que los sondeos anuncian un terremoto en la Asamblea Nacional, con una mayoría parlamentaria que nunca ha gobernado, la campaña ha sido prácticamente invisible. Después de las presidenciales más decisivas de la historia de Francia, las legislativas han pasado sin grandes mítines ni escabrosos escándalos. Con la amenaza de la ultraderecha mitigada tras la derrota de Le Pen, los llamamientos a las urnas para frenar el avance del FN ya no se escuchan. En consecuencia, los sondeos prevén una abstención histórica del 48 %.

Pese a ello, el resultado supondrá una recomposición radical de la clase política francesa ya que más de la mitad de los candidatos macronistas, en su mayor parte profesionales liberales, nunca han ejercido un mandato electivo y proceden de la sociedad civil. La renovación de la Asamblea también se concreta en que cerca del 40 % de los salientes no se vuelve a presentar, ya sea por cansancio o por la aplicación de la ley de 2014 que prohíbe acumular mandatos locales y nacionales.

El desplome de la ultraderecha y de la izquierda radical

La falta de intensidad de la campaña se debe, en parte, a la incomparecencia de las dos mayores fuentes de tensión política en las presidenciales: la ultraderecha y la izquierda radical. Abotargados por el triunfo del centro, el Frente Nacional (FN) y la Francia Insumisa han perdido fuelle. En el FN las divisiones resultantes de la derrota de Marine Le Pen se profundizan y la Francia Insumisa sigue pagando cara la negativa de Jean-Luc Mélenchon a llamar a votar contra la extrema derecha en la segunda vuelta.

Con el fracaso de Le Pen llegaron las críticas de una gran parte del partido, incluyendo su propio padre. Apenas diez días después, su número dos, Florian Philippot, lanzó su propio movimiento, llamado «Los Patriotas», que busca «defender el mensaje de Marine Le Pen» mediante una «transformación profunda» que podría pasar por un cambio de nombre para librarse del pesado legado del apellido de su fundador. Sin embargo, para el ala más extrema, el FN no se entiende si no es liderada por un Le Pen. Hace un mes las encuestas otorgaban al FN entre 20 y 25 escaños en lugar de los dos que tiene actualmente, pero ahora los números se han reducido a entre 5 y 15.

Los resultados de Mélenchon fueron históricos para la extrema izquierda. En los últimos días antes de la primera votación, su popularidad se disparó hasta llegar a amenazar con irrumpir en el duelo entre Macron y Le Pen. Pero con la derrota salió a la luz su mal perder. Se negó a llamar a votar por el centrista cuando la extrema derecha amenazaba con hacerse con la presidencia.

El precio de su decisión lo sigue pagando ahora, incapaz de deshacerse de la imagen de hombre colérico que su consejera de comunicación, Sophia Chikirou, había pulido en las presidenciales. Tras haber llegado a rozar el 20% de los votos en la primera vuelta, ahora se mueve en el 12%, un desastre solo mitigado por la debacle de los socialistas. El ala más izquierdista del PS está descontenta con el flirteo del partido con Macron y la Francia Insumisa se encuentra en plena campaña de seducción. Los sondeos les dan grandes opciones de formar grupo parlamentario, con entre 11 y 21 escaños.

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