Trump asegura estar 100 % dispuesto a declarar sobre su relación con Rusia

Afirma que Comey es un filtrador y que no hubo colusión con Moscú ni obstrucción


nueva york / corresponsal

«No hay colusión con Rusia. No hay obstrucción a la justicia. Es un filtrador», dijo envalentonado Donald Trump. Era la primera vez que el presidente se pronunciaba frente a las cámaras tras el incendiario testimonio en el que James Comey le llamó mentiroso. Horas antes de su aparición en los jardines de la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. ya había roto su inusual silencio en Twitter. «A pesar de tantos falsos testimonios y mentiras, total y completa vindicación... y oh, ¡Comey es un filtrador!», dijo de una audiencia que podría terminar socavando su presidencia.

La respuesta de Trump es el resumen de una frágil defensa que podría meter en más líos al presidente porque ahora es evidente que uno de los dos miente. ¿Le conviene a Trump continuar con esta batalla? Probablemente la respuesta sea no, porque los congresistas podrían requerir su presencia en el Congreso para que ofrezca su versión de los hechos en un foro similar al de Comey, es decir, bajo juramento, abierto a la prensa y donde además tendría que clarificar si tiene o no grabaciones de dichos encuentros, tal y como sugirió el pasado 12 de mayo y volvió a insinuar ayer. «Os contaré algo quizás en un futuro muy cercano», dijo tras asegurar que «100 %» declararía ante el Comité de Inteligencia o el fiscal especial, Robert Mueller.

Sin embargo, teniendo en cuenta que ya han sido varias las veces que el neoyorquino ha faltado a la verdad, una cita de estas características podría arriesgar tremendamente su mandato en la Casa Blanca. «En una batalla de credibilidad entre Trump y Comey, todo el mundo sabe que Comey va a ganar», auguró Adam W. Goldberg, ex asesor especial de la Administración Clinton. De momento, la estrategia de Trump y de los republicanos pasa por presentar a Comey como una especie de traidor que filtra información a los medios, por lo que su abogado presentará una queja formal al Departamento de Justicia por las filtraciones realizadas y reconocidas por el ex líder del FBI.

De este ministerio precisamente, salió ayer otra de las reacciones que llamaron la atención. Fue la del fiscal general, Jeff Sessions, uno de los grandes damnificados por las declaraciones de Comey al asegurar que Sessions se apartó de la investigación rusa por su participación en una serie de hechos, que al ser clasificados, no podía desvelar públicamente. «Poco después de jurar el cargo, el fiscal general ya comenzó a consultar con funcionarios de ética para determinar si debía apartarse», apuntó el departamento en un comunicado, obviando que cuando Sessions tomó la decisión ya habían salido a la luz sus dos encuentros con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak.

No es Sessions el único que se encuentra en el ojo del huracán por sus contactos con el Kremlin. Jared Kushner, yerno y asesor del presidente, tendrá que declarar ante el Senado por sus reuniones con funcionarios rusos. Su testimonio tendrá lugar a finales del mes de junio o principios del mes de julio, desveló ayer ABC News.

El duelo de titanes queda en manos de lo que decida el fiscal especial, Robert Mueller

Si algo quedó claro tras la comparecencia de James Comey es la poca confianza que le merecía el presidente de EE.UU. Fue por ello que documentó cada una de sus reuniones dando vida a un memorando que ha supuesto un torpedo en la línea de flotación de defensa de la Casa Blanca. Con todo, esas siete páginas no aportan nada que pruebe una acusación de obstrucción a la justicia contra el republicano. Tampoco influye el hecho de que es muy improbable que Comey esté faltando a la verdad (sabe que mentir al Senado lo pondría en riesgo de ser procesado por perjurio y terminar en la cárcel). Nada de esto parece todavía suficiente. Por lo tanto, de momento, el duelo de titanes sigue resumiéndose en la palabra de Comey contra la de Trump.

Sin embargo, lo que sí hizo el testimonio del antiguo jefe deel buró fue proporcionar muchos elementos de evidencia que podrían usarse en una futura acusación contra el neoyorquino. Pero antes hay que investigarlos y probarlos. Esto es lo que convierte en fundamental papel del fiscal especial. 

El turno de Mueller

Robert Mueller entrará en acción la próxima semana al reunirse con los 15 miembros del Comité de Inteligencia de la Cámara Alta. Es importante clarificar que Mueller solo tiene la potestad de investigar un posible delito de obstrucción. Si se encontrasen indicios suficientes de que Trump cometió alguna otra modalidad de delito, entonces sería el Congreso el encargado de abrir un juicio político o «impeachment». Este procedimiento tendría muy pocas oportunidades de prosperar teniendo en cuenta la actual mayoría republicana en ambas cámaras. Su éxito estará vinculado a que los conservadores decidan dejar caer al presidente.

Otro de los asuntos que más recelos está generando en Washington es la confesión que Comey hizo sobre su filtración a los medios de comunicación. ¿Es ilegal que revelara a la prensa información sobre sus contactos con Trump? No, si dicha información no es clasificada, o si Trump hubiese hecho uso de su «privilegio ejecutivo» para vetar su audiencia ante el Senado. El problema ahora está en que su abogado, Mark Kasowitz, sostiene que lo que Comey divulgó sí era información clasificada, por lo que, en este episodio, el diagnóstico de Mueller también será trascendental.

«Una nube más grande y oscura sobre la Casa Blanca»

Las cinco veces que James Comey llamó mentiroso a Donald Trump durante su audiencia ante el Comité de Inteligencia del Senado de EE.UU. pueden ser un antes y un después en la historia de la política nacional. Como abogado, el ex director del FBI supo perfectamente lo que podían implicar sus acusaciones pronunciadas bajo juramento y en el Capitolio. Por eso, la mayoría de las cabeceras destacaron las palabras «mentira» o «mentiroso» en titulares y editoriales. 

Este fue uno de los hechos más destacables para buena parte de los expertos, que coinciden en que, al margen de las reacciones de sus rivales, el testimonio de Comey cuestiona indudablemente la credibilidad del presidente. Así lo hicieron notar algunos de los diarios más combativos con la nueva Administración. Fue el caso del Washington Post, en cuyo editorial se asevera con rotundidad que «la declaración amenaza con engullir la Casa Blanca». Cuestiona además la debilidad de los métodos utilizados por el republicano: «Trump sufre un retroceso en sus tácticas para persuadir al establishment», se mofó. El Post además definió al presidente como un hombre «sin sentido de la realidad» al asegurar que se sentía reivindicado tras el testimonio de Comey.

En la misma línea se pronunció The New York Times. «Una nube mucho más grande y oscura se asienta sobre la Casa Blanca», razonó. El rotativo no dejó pasar la ocasión para defender sus informaciones después de que Comey asegurase que una de sus ellas era incorrecta. «Comey sigue sin decir qué cree que está mal del artículo», se quejó.

Prestigiosos periodistas como Bob Schieffer definieron la comparecencia como «algo extraordinario» mientras que otros como Carl Bernstein aseguraron que «nadie desde Hoover había influido tanto en la presidencia como Comey». Fue tal el varapalo que hasta diarios conservadores como The Wall Street Journal reconocieron que Trump no supo estar a la altura. «Ser un forastero tiene sus ventajas y el año pasado el presidente sacó el máximo provecho. El jueves el mundo entero vio los inconvenientes de ser un outsider».

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