parís / colpisa

El perfil del yihadista del martillo, que el martes atacó en París a una patrulla policial delante de la catedral de Notre Dame, ha vuelto a dejar descolocados a los servicios antiterroristas franceses. El argelino Farid Ikken, de 40 años, no era un sospechoso habitual. Divorciado de una sueca, había trabajado en Suecia y Argelia de periodista y cursaba en Francia una tesis doctoral sobre los medios de comunicación en el norte de África. No solo no había dado signos de radicalización sino que era conocido por sus posiciones prooccidentales y democráticas.

La policía francesa encontró en el registro domiciliario un juramento grabado en vídeo de lealtad al autoproclamado Estado Islámico (EI). La inspección fue practicada en el estudio que ocupaba en la planta baja de una residencia de estudiantes en Cergy-Pontoise, a las afueras de París. Desde 2014 estaba matriculado en un doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad de Lorena, con campus en Metz.

«Era alguien muy comprometido, que reconocía los valores de la democracia, creía mucho en el ideal periodístico», declaró el director de su tesis, Arnaud Mercier. «No tenía barba ni respetaba el Ramadán. Lo único que observé es que no bebía alcohol, pero hay muchos musulmanes que no beben y no son peligrosos yihadistas», comentó estupefacto. El trabajo versa sobre el tratamiento mediático de las elecciones en el Magreb, tema en el que «apostaba por la defensa de la democracia y la libertad de prensa».

Emigrado a Suecia en el 2001, se casó con una ciudadana sueca de la que se divorció en el 2005. En el 2008 se licenció en periodismo por la Universidad de Estocolmo y en el 2011 sacó un máster en la de Uppsala. Trabajó un año en la radio nacional sueca antes de abandonar en el 2013 el país. En una ficha a su nombre colgada en Linkedin, afirma haber dirigido un periódico local en Bejaia, capital de Cabilia, su región natal, donde era considerado un militante laico. También trabajó en cabeceras prestigiosas de la prensa argelina como El Watan, de marcada línea anti-islamista. «Quizá se le cruzó un cable y agredió a un policía, pero de ahí a prestar juramento al EI es inimaginable», opinó un colega de aquellos años. En su perfil de Facebook, el yihadista del martillo deja constancia de su solidaridad con «el pueblo sirio masacrado».

«Es por Siria», gritó al golpear en el cuello a un policía antes de ser tiroteado. Luego se presentó como «soldado del califato» camino del hospital donde los médicos dictaminaron ayer que se encuentra en condiciones de ser interrogado. El portavoz del Gobierno manifestó que «todas las investigaciones confirman la tesis de un acto aislado».

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El yihadista del martillo de París era conocido como prooccidental