Theresa May llega sin fuelle a las urnas

La primera ministra ha perdido buena parte de su ventaja ante Corbyn tras los atentados yihadistas y los recortes


LONDRES / E. LA VOZ

Hace 50 días, Theresa May se las prometía felices convocando elecciones anticipadas en el Reino Unido, pero la presentación del manifiesto conservador y el avance de la campaña electoral deterioraron su imagen y se dispararon las críticas. La amplia ventaja de 20 puntos de los conservadores fue encogiéndose y la última encuesta plantea incluso un empate con los laboristas.

En su último día de campaña electoral, May madrugó de lo lindo para ir al mercado e intentar convencer a los carniceros del mercado de Smithfield, en la capital británica, de que su papeleta era la mejor opción para su cita con las urnas de hoy. Lo hizo con su marido, Philip, que rara vez aparece en campaña y que también siguió su periplo por Southampton y Norwich. Allí avisó de que un Gobierno laborista «arruinaría la economía» y llamó a construir un país «más seguro y en el que ninguna comunidad sea dejada atrás».

May se presentó una vez más como la única persona que puede negociar y conseguir el mejor acuerdo del brexit y también pronosticó que el dinero que hasta ahora iba destinado a proyectos de la UE podría ofrecer «enormes beneficios» a todo el país tras su retirada del bloque común. Recordó que las negociaciones con Bruselas empezarán en menos de 15 días y puntualizó que la pregunta que tienen que hacerse los votantes británicos es en quién confían para conseguir el mejor acuerdo.

Por si a nadie le quedaba claro, May -apoyada mayoritariamente por la prensa- enfatizó las grandes diferencias entre ella y su rival laborista incluyendo la respuesta a la amenaza terrorista: «Yo apoyo a la policía disparando para matar a los terroristas, pero Jeremy Corbyn no».

May intentó de este modo que el votante se olvide de sus anuncios más impopulares, como reinstaurar la caza del zorro, prohibida en el 2004 por Tony Blair, y cuyos detractores tildan de cruel y pasada de moda. También de la «tasa de la demencia», con la que May tocó el corazón de su electorado más fiel, los mayores de 55 años, que tendrían que pagar por la mayor parte de sus cuidados si poseen casas valoradas en más de 100.000 libras (160.000 euros). La medida fue tan impopular que la primera ministra tuvo que dar marcha atrás. También se ha visto afectada negativamente por las secuelas de los atentados de Mánchester y Londres. Y ha recibido fuertes críticas por su propuesta para recortar en derechos humanos para intentar minimizar los riesgos de nuevos atentados terroristas.

Corbyn eligió un feudo eurófobo, Stoke on Trent, para cerrar su campaña y prometió acabar con la austeridad presupuestaria, contratar más policías y fortalecer los servicios públicos. El laborista insistió en su mensaje social y recordó que «votarnos es la última oportunidad para salvar la sanidad pública».

En la última encuesta, los tories obtendrían un 41,5 % y los laboristas un 40,4 %, seguidos de los liberaldemócratas, con un 6 % y del euroescéptico UKIP, con un 3 %. Claro que los sondeos han fallado demasiado en las dos últimas citas.

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