Trump deja Oriente Medio sin revelar cómo va a resucitar el proceso de paz

Avanzó su esperanza en un «acuerdo histórico» entre israelíes y palestinos


jerusalén / colpisa

Las 27 horas que pasó Donald Trump en Tierra Santa dejaron diferentes sensaciones a los dos lados del muro. El presidente estadounidense empleó un tono optimista de cara a un futuro en paz entre israelíes y palestinos, pero despegó de Tel Aviv sin haber anunciado una sola medida concreta para retomar las negociaciones. Antes de poner rumbo al Vaticano, tercera parada en su primera gira internacional, Trump cruzó el muro para entrevistarse con su homólogo palestino, Mahmud Abás, en Belén, la ciudad en la que nació Jesús y en la que no se acercó a la basílica de la Natividad porque había una protesta para recordar la situación del millar de presos palestinos en huelga de hambre desde hace más de un mes.

«Estoy comprometido a intentar alcanzar un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos y pretendo hacer todo lo posible para ayudarles a alcanzar ese objetivo», dijo Trump en la rueda de prensa que ofreció junto a Abás, quien le recordó que «nuestro problema fundamental es la ocupación y los asentamientos y el rechazo de Israel a reconocer el Estado palestino».

El magnate estadounidense metido a político no se dio por aludido y en ningún momento se refirió a la solución de los dos Estados, la fórmula en la que la diplomacia internacional lleva décadas trabajando y que para la ONU es la única salida posible. Trump optó por un discurso cargado de buenas intenciones, pero sin ninguna medida concreta que ayude a descongelar un proceso muerto.

Acabada la fugaz visita a los territorios palestinos, la enorme comitiva de Trump, una serpiente de coches blindados negros acompañados de helicópteros, puso rumbo de nuevo a Jerusalén para visitar el museo del Holocausto y después dirigirse al de Israel, donde pronunció sus últimas palabras antes de concluir la visita oficial. En esta ocasión tampoco dejó entrever su plan para la consecución del «acuerdo de paz histórico», tal y como lo definió. Trump habló junto a su «buen amigo Benjamin», como llamó al primer ministro Netanyahu, para asegurar que «hacer la paz no será fácil, lo sabemos todos y las dos partes deberán tomar decisiones difíciles, pero con la determinación y la convicción de que la paz es posible, los israelíes y los palestinos pueden llegar a un acuerdo».

Encargo a su yerno

El primer presidente de EE.UU. que visita Israel en su primera gira internacional delegó en su yerno Jared Kushner el seguimiento del conflicto en Tierra Santa. Kushner, como reveló el diario israelí Haaretz en diciembre, ha donado decenas de miles de dólares para proyectos en los asentamientos judíos en el territorio ocupado de Cisjordania.

Trump no despierta simpatía en Palestina ya que le consideran partidario de la expansión de las colonias y censuran sus planes de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Netanyahu ha autorizado la construcción de 6.000 nuevas viviendas en Cisjordania y el Parlamento ha aprobado la ley de regularización, que permite el continuo establecimiento de asentamientos judíos.

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