La UE conjura el fantasma populista

Bruselas celebra exultante la victoria de Macron como un signo de esperanza para Europa


Bruselas / corresponsal

Tras el brexit y la victoria de Donald Trump, Bruselas se preparaba para lo peor este 2017. La pesadilla más recurrente de entre todas tenía a Francia como escenario principal y a Marine Le Pen de protagonista. Ya lo dijo el comisario de Economía, Pierre Moscovici: la victoria de la ultraderechista habría supuesto «un golpe mortal» para el proyecto europeo. De ahí el júbilo y los suspiros de alivio que se desataron este domingo en el corazón de la UE. Bruselas celebró el triunfo del «novio de Europa». Nadie en los cuarteles de la Comisión oculta su simpatía por el liberal, el único candidato que se atrevió a respaldar sin fisuras a la Unión durante la campaña. «La elección de Macron es un signo de esperanza para Europa», señaló pletórico Moscovici.

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, fue el primero en festejar el resultado: «Enhorabuena. Contamos con Francia en el corazón de Europa para cambiar juntos la Unión y acercarla más a los ciudadanos». El líder del Consejo Europeo, Donald Tusk, ensalzó la valentía de los franceses y la figura de Macron como baluarte de «la libertad, la igualdad y la fraternidad» frente a la «tiranía de las noticias falsas» que propagan líderes eurófobos.

El timonel del Ejecutivo comunitario, Jean Claude Juncker, también dio rienda suelta a su alegría: «Feliz de que los franceses hayan elegido un futuro europeo». Aunque reconoció que «la batalla contra el populismo no ha sido ganada. Debe continuar». En Berlín ya sueñan con recuperar el débil pulso del eje franco-alemán. «Tu victoria es una victoria para una Europa fuerte y unida y para la amistad franco-alemana», declaró el portavoz de Merkel, Steffen Seibert. El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, se sumo al coro de voces que ya hablan de la «remontada» europeísta. Más comedido se mostró Mariano Rajoy, quien se limitó a transmitir a Macron la predisposición de España a ser un socio «leal y comprometido». Desde Londres, Theresa May, apuntó que «Francia es uno de nuestros aliados más cercanos y queremos trabajar con el nuevo presidente».

Los franceses se suman de esta forma a austríacos y holandeses, quienes lograron desplegar un cordón sanitario para frenar el avance de la ultraderecha. El virus populista está en cuarentena, se desinfla, pero no se ha erradicado ni mucho menos. Los xenófobos del PVV de Geert Wilders se alzaron como segunda fuerza más votada y el líder ecologista Alexander Van der Bellen se impuso por un estrechísimo margen al reaccionario Norbert Hofer en las presidenciales austríacas. 

Otras dos citas

El mensaje del electorado es claro. Los europeos no quieren abandonar la UE, pero exigen cambios. Bruselas todavía no descorcha el champán. Quedan otras dos citas cruciales: las elecciones alemanas y las italianas. Las primeras parecen encarriladas para los intereses de los europeístas. La AfD parte como cuarta fuerza política en unos sondeos dominados por la CDU de Angela Merkel, que sigue ascendiendo a menos de cinco meses de los comicios. Solo queda cruzar los dedos para que los italianos no den la sorpresa. Las cosas no pintan bien. Algunos sondeos dan un empate entre los socialdemócratas de Matteo Renzi y el partido de Beppe Grillo. La Unión seguirá viva, por el momento.

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