El fantasma de la repatriación del automóvil se aleja

Le Pen parece tener pocas opciones de poder llevar a cabo sus amenazas de repatriar la producción de multinacionales francesas como el grupo PSA

Carlos Tavares, consejero delegado del PSA Peugeot Citroen
Carlos Tavares, consejero delegado del PSA Peugeot Citroen

/ la voz

Casi nadie se tomó en serio las palabras de Le Pen cuando en enero se mostró partidaria de repatriar la producción de las multinacionales francesas del automóvil que tienen plantas fuera de del país, pero sus palabras quedaron grabadas en muchos de los países afectados, y en especial en Galicia, en donde el grupo PSA tiene su mayor fábrica de Europa. La de Le Pen fue una amenaza inspirada en la política proteccionista de Donald Trump, que antes de su llegada a la presidencia de EE.?UU. se pronunció en la misma línea. Tres meses después Trump no ha movido un dedo para relocalizar las plantas de General Motors esparcidas por el mundo; y la presidenta del Frente Nacional parece tener pocas opciones de poder llevar a cabo sus amenazas, pese a que le disputará el Elíseo a Emmanuel Macron en la segunda vuelta. La industria española del automóvil nunca ha llegado a manifestar preocupación por una eventual victoria de la ultraderechista, pero fuentes consultadas ayer reconocen que habrá que esperar al resultado final, no por el riesgo de un sorpasso, sino porque la estrategia de Macron en materia de economía e industria es una auténtica incógnita.

Francia es el principal comprador mundial de España y de Galicia. El cliente por excelencia, con más del 15 % de las ventas en el extranjero, entre las que priman el automóvil, el textil y el agroalimentario. El profesor de la Universidad de Vigo y economista, Santiago Lago, considera que el resultado de unos comicios presidenciales en Francia es importante «por el fuerte impacto directo que una política proteccionista tendría no solo sobre la economía española sino sobre la de Galicia en particular».

Son casi un millar las empresas instaladas en Galicia que exportan de manera frecuente a Francia (con las provincias de Pontevedra y A Coruña como principales vendedores), y tendrían que enfrentarse a un nuevo escenario que implicaría mayores costes y pérdidas de competitividad, por no hablar de una posible deslocalización de PSA en la que, recordemos, tiene el Estado una participación del 12,7 %, ahora cedida al banco público BPI France.

Una industria vital

Lago recuerda lo que aún está en juego: «El peso de PSA y de la industria auxiliar es fundamental para la economía de Galicia, sin olvidarnos de otros sectores relevantes como el de la pizarra, con importantes intercambios con el país galo. También sería palpable ese efecto sobre el comercio del sector agroalimentario. Si fallan PSA e Inditex nuestras exportaciones caerían de manera muy significativa».

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