Bruselas aprende a convivir con el miedo un año después de los atentados del 22M

Más de 1.000 policías siguen patrullando a diario la capital y el miedo todavía no ha desaparecido


Bruselas / Colpisa

Como aquella fatal mañana, Bruselas despertó este miércoles bajo un sol radiante tras muchas semanas sumida en su peculiar escala de grises. La capital belga te enseña a valorar el sol, la luz. Es difícil explicarlo, como lo es contar en una crónica de 75 líneas qué sienten los familiares y amigos de los 32 muertos y más de 300 heridos que sufrieron la barbarie yihadista. Como aquella mañana, el sonar de sirenas y helicópteros dominaba el ambiente. Este miércoles, por seguridad. Entonces, por pánico. Un miedo que sigue latente y del que Bruselas, corazón de la UE y de la OTAN, no ha sabido o no ha querido desprenderse.

«Es humano, ¿no?», admitían Jean y Claire, una pareja de jubilados belgas durante uno de los actos de homenaje del aniversario de los atentados más sangrientos de la historia del país. A las 7.58 horas, 16 personas perecieron en el aeropuerto de Zaventem. A las 9.11 horas, otras 16 en la estación de metro de Maalbeek. Tres kamikazes. Un baño de sangre. Bélgica llevaba muchos meses coqueteando con la masacre mientras Francia no paraba de contar víctimas. Primero fue Charlie Hebdo y luego el 13N parisino, cuyas conexiones terroristas con el barrio bruselense de Molenbeek obligaron al Gobierno a echar la persiana de la capital comunitaria durante tres días sin metro ni colegios porque, supuestamente, buscaban a una decena de personas dispuestas a atentar con armas y explosivos en cualquier momento. Se trataba de esperar para saber cuál sería la cifra y la letra que marcaría la historia del país. Madrid tiene su 11M; Londres, su 7J; París, su 13N... y Bruselas sufrió su 22M. Ha pasado un año, pero 1.100 policías siguen patrullando a diario la capital. El miedo no ha desaparecido.

Fueron muchos los actos organizados ayer y en todos las víctimas, algunas muy críticas con el trato que están recibiendo, tuvieron todo el protagonismo. Primero en Zaventem, luego en Maalbeek, más tarde en Schuman, donde se descubrió un momento en su honor.

Los reyes belgas, Felipe y una emocionada Matilde, presidieron unos homenajes que sirvieron para hacer la enésima llamada a la unidad. «Es responsabilidad de cada uno de nosotros hacer una sociedad más humana y justa. Aprendamos a escucharnos mutuamente, respetarnos y a corregir nuestras debilidades», dijo el monarca.

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