El FBI investiga al presidente


El director del Buró confirma ante el Senado que Rusia intervino en las elecciones estadounidenses y que su agencia analiza las conexiones de Trump y su equipo

.James Comey y Michael Rogers
James Comey y Michael Rogers

Nueva York / Corresponsal

El director del FBI, James Comey, le dijo ayer al mundo que el presidente de Estados Unidos y su entorno están siendo investigados por posible colaboración con los rusos durante las pasadas elecciones. Así de alarmante fue la confirmación de Comey durante la primera audiencia pública del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, uno de los órganos que junto al Senado y al Buró, investigan la trama de Moscú.

Las pesquisas sobre la posible colaboración entre la campaña republicana y el Kremlin son parte de la misión de contrainteligencia que tiene el FBI y que investiga los esfuerzos del Gobierno de Vladimir Putin para dañar a la democracia de Estados Unidos y a la candidata demócrata, Hillary Clinton, a quien odia el presidente ruso, según diversas fuentes.

«Indagamos si hubo coordinación y si se cometió delito», dijo Comey desatando un terremoto en Capitol Hill donde republicanos y demócratas lidian con una nueva Administración plagada de asesores cuyos vínculos con el Kremlin ya le han costado el puesto al exasesor de Seguridad Nacional Michel Flynn y al exjefe de campaña, Paul Manafort.

Comey reveló además que la investigación del FBI empezó en julio, por lo que ahora muchos se preguntan si esto significa que los dos candidatos presidenciales estaban siendo investigados en 2016: Clinton por el escándalo referente a su servidor privado y Trump por sus contactos con el Kremlin. De ser así, el golpe de gracia solo llegó para la demócrata (a once días de los comicios Comey informó al Congreso de que continuaba investigando a Clinton) ¿Por qué?

Trump no se retracta

Los interrogantes se fueron acumulando ayer con la consecuente pérdida de credibilidad para un presidente que, además, se quedó solo en sus acusaciones de espionaje contra Barack Obama. La ausencia de pruebas disponibles se hizo patente en el FBI y la NSA, donde alto y claro dijeron no a las tesis de Trump, que llegaron incluso a apuntar a la inteligencia británica como cooperador necesaria para vigilar al republicano incluso a través de su microondas.

A pesar del sonoro portazo, el mandatario declinó retractarse en sus denuncias restando importancia a los testimonios de Comey y Rogers. «Son solo una de una serie de audiencias», minimizó a través de su portavoz, Sean Spicer, quien a su vez insistió en que no hay ningún documento que pruebe el supuesto complot entre la campaña de Trump y Rusia.

Sea como fuere, las revelaciones de ayer amenazan con consumir a una ya abrumada y cada vez más acorralada Casa Blanca, que sigue enfrentándose a titulares donde el término impeachment comienza a ser cada vez más utilizado. De momento, es solo una posibilidad muy remota en un panorama excesivamente difuso donde, eso sí, el Partido Demócrata advirtió de que son demasiadas las coincidencias desveladas al respecto por ejemplo, de las reuniones del entorno de Trump con el embajador ruso en EE.UU., Sergei Kislyak.

«Si es cierto, estaríamos ante una de las mayores traiciones a la democracia de la historia», alertó el número dos del Comité de Inteligencia, el demócrata Adam Schiff, después de que el presidente acusase a su partido de inventarse el escándalo que golpea como nunca a su administración.

Una polémica que reabre el riesgo de «impeachment»

El escándalo del espionaje ruso es el gran problema de Trump. La controversia se está volviendo sumamente corrosiva para la credibilidad de un presidente, que sigue siendo incapaz de explicar el sinfín de interrogantes que amenazan el futuro de la nueva Administración.

¿Espió Rusia a EE.UU.?

Sí. En el 2015 y el 2016 piratas informáticos jaquearon los ordenadores del Comité Nacional Demócrata, así como de altos cargos de la campaña de Hillary Clinton. Fue obra de APT29 y APT28, grupos de espías rusos que consiguieron adentrarse en las redes de los demócratas, instalando decenas de códigos maliciosos para robar información. Toda la documentación sustraída fue publicada en Wikileaks en un claro intento de perjudicar a Clinton y, por defecto, ayudar a Trump a ganar.

¿Cuántos miembros del equipo de Trump están bajo sospecha?

Tanto Michael Flynn, como Paul Manafort (exasesor de Seguridad Nacional y exjefe de campaña), dimitieron de sus cargos por sus constantes comunicaciones con funcionarios rusos. Un contacto que inicialmente negaron, al igual que el actual fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, quien tuvo que inhibirse de la investigación sobre la injerencia rusa tras mentir sobre sus contactos con el embajador ruso en EE.UU. En uno de esos encuentros en la Torre Trump también participó el yerno y asesor del presidente, Jared Kushner. Otros asesores, como Roger Stone y Carter Page, están siendo cuestionados por el Senado, tras sus contactos con Guccifer 2.0, el hacker que atacó al Comité Demócrata.

¿Hay riesgo de «impeachment»?

Sí, si se demuestra que hubo coordinación entre Rusia y la campaña de Trump y que el objetivo era influir en el resultado electoral. De ser así, se trataría de un serio delito que tendría un efecto inmediato sobre la continuidad de Trump como presidente. El republicano siempre negó contactos con el Kremlin, tanto suyos como de su entorno.

¿Está neutralizado el peligro del ciberespionaje?

En ningún caso. A pesar de que su neutralización es uno de los grandes retos de EE.UU., el desarrollo tecnológico ha sido de tal magnitud que buena parte de los conflictos ya no son territoriales, sino virtuales. Esto hace que su amenaza sea una constante para la rutina de la inteligencia estadounidense.

El marido de la asesora Conway se incorporará al Departamento de Justicia

Donald Trump planea nominar al marido de su fiel asesora Kellyanne Conway como director de la división civil del Departamento de Justicia, según desveló The Wall Street Journal. George Conway, de 53 años de edad, es socio del prestigioso bufete de abogados Wachtell Lipton y si se confirma su nominación, pasaría a liderar una rama crucial del Departamento de Justicia que cuenta con mil abogados al servicio del Ejecutivo estadounidense.

Una de las tareas que tendría que defender Conway como letrado del Gobierno es el polémico veto migratorio de Trump, que volvió a ser bloqueado por dos jueces federales la semana pasada. Otro de los desafíos que tendría es el referente a los potenciales conflictos de intereses entre la presidencia de Trump y su imperio empresarial, del cual todavía no se ha desvinculado.

Gorsuch, en el Senado

El cargo de Conway, eso sí, deberá ser confirmado por un Senado que ayer enfrentó la primera audiencia de Neil Gorsuch ante el Comité Judicial de la Cámara Alta de Estados Unidos, encargada de evaluar su designación como juez para ocupar el cargo vitalicio en el Tribunal Supremo, sustituyendo así al magistrado conservador Antonin Scala, fallecido en el 2016.

No fue una audiencia sencilla para este juez ultraconservador de 46 años. Acompañado de su familia, Gorsuch fue increpado por varios senadores demócratas que intentaron demostrar que su trayectoria había sido un camino lleno de preferencias hacia las grandes empresas en lugar de mirar por el ciudadano de a pie.

Para que el magistrado consiga su confirmación debe obtener una mayoría de 60 votos en el Senado. La cifra supone un problema porque los republicanos poseen una mayoría de solo 52 escaños, por lo que Gorsuch necesitaría el apoyo de ocho demócratas y esto es complicado teniendo en cuenta que en la oposición siguen furiosos por la obstrucción republicana a la propuesta del anterior presidente, Barack Obama. «Es una pena que sea bajo estas circunstancias que comencemos estas audiencias», lamentó la principal demócrata de la Comisión, la senadora por California Daianne Feinstein

Para evitar el choque, Donald Trump solicitó al líder de la mayoría republicana de la Cámara Alta, Mitch McConnell, que usase la opción nuclear para poder confirmar a su candidato con una mayoría simple.

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