La Justicia de la UE respalda denegar visados humanitarios a los refugiados

Falla que conceder ese beneficio pondría en peligro el actual sistema de asilo

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bruselas / corresponsal

Punto y seguido en la estrategia europea para frenar la llegada de refugiados. El Tribunal de Justicia de la UE dictaminó ayer que ningún Estado miembro tiene la obligación de emitir un visado humanitario a quienes lo soliciten para poder entrar en su territorio. Aun habiendo constatado que la vida de esa persona podría correr peligro. «Permitir a los nacionales de terceros países presentar solicitudes de visado con la finalidad de obtener protección internacional en el Estado miembro a su elección iría en contra de la estructura general del sistema establecido por la UE para determinar cuál es el Estado responsable del examen de su solicitud», explica el alto tribunal. La sentencia supone un enorme revés para organizaciones humanitarias y para las personas que huyen de conflictos. Según la Justicia europea, no se podrá forzar a las embajadas de países europeos a expedir visados a quienes tengan intención de acceder a un territorio a su elección para pedir asilo.

La decisión se ha tomado después de estudiar el caso de una familia siria de ortodoxos cristianos que el pasado 12 de octubre solicitó en la embajada belga de Beirut (Líbano) la expedición de un visado territorial limitado con el que entrar a Bélgica. Ese documento solo permite alargar la estancia 90 días. En vista de que la familia tenía la intención de pedir asilo, la oficina belga de extranjería le denegó la petición argumentando que no se podía convertir una embajada en un centro para canalizar solicitudes de asilo pues podría sentar un precedente peligroso y generar un aluvión de peticiones.

A pesar de que la familia invocó la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y el convenio europeo para la protección de los derechos humanos, que obligan a los países a proteger a las personas cuya seguridad está en peligro, los jueces europeos consideran que el visado territorial limitado no está sujeto a ese acervo legal y por tanto no se le pueden aplicar sus disposiciones. Una victoria para los 13 países que apoyaron al secretario de asilo belga, Theo Francken, en su empeño por denegar la entrada a la familia siria. «¡Sí, ganamos!», celebró en sus redes sociales como si de una competición se tratase. «La concesión sigue siendo una competencia nacional. Afortunadamente prevaleció el sentido común», zanjó. 

El segundo jarro de agua fría para quienes tratan de alcanzar Europa y dejar atrás sus países en conflicto llegó de Hungría. El Parlamento magiar acordó ayer dar luz verde a la detención automática de quienes crucen sus fronteras de forma ilegal. A los migrantes se les llevará hasta «zonas de tránsito» en las fronteras con Serbia y Croacia, malecones plagados de contenedores donde se les retendrá hasta decidir cuál es su suerte. «Las migraciones son el caballo de Troya del terrorismo», espetó ayer el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. El ultranacionalista ordenó elevar recientemente una segunda valla para blindar el territorio y se niega permanentemente a acatar el acuerdo europeo para el reparto de refugiados por cuotas. «Está violando las obligaciones del país según lo que estipulan las leyes internacionales y europeas», denunció Acnur una vez más.

El cuarteto de Visegrado se opone a las potencias

Ni armonía, ni alegría ni unidad. El cuarteto de Versalles y el de Visegrado son incapaces de tocar la misma melodía. Mientras la UE sigue buscando timonel, la tripulación no se pone de acuerdo sobre qué rumbo tomar de los cinco que propuso la semana pasada el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. Alemania, España, Francia e Italia dejaron claro el lunes que las principales potencias quieren una Unión a varias velocidades o en «círculos concéntricos». Quien quiera, que avance cuándo y dónde considere oportuno sin que los países más reacios obstaculicen el impulso integrador en ámbitos como la unión económica y monetaria, la fiscalidad o el mercado único.

El mensaje tenía un claro destinatario: los países de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia). Los recién llegados al club se niegan a otorgar más competencias a Bruselas y optan por repatriar parte de la soberanía que cedieron al acceder a la UE, envueltos en un cómodo manto de fondos de cohesión. «Mantenemos una visión común del futuro que queremos para la UE, que vemos como una gran comunidad, como una organización internacional fuerte basada en la cooperación entre los Estados-nación que la componen», aseguró ayer el presidente del Parlamento polaco, Marek Kuchcinski. Varsovia y sus socios quieren que los parlamentos nacionales tengan más peso en la toma de decisiones y que se entierre la idea de la UE a varias velocidades para evitar «discriminaciones». No explican cómo piensan sacar a la UE del impasse cada vez que alguno sabotee un acuerdo como ya hicieron con el reparto de refugiados. 

El presidente del Consejo, Donald Tusk, sabe que hay poco apetito integrador. «Si va a nacer un bebé en Roma (la UE a 27), el nombre del bebé debe ser más la unidad que varias velocidades», aseguró ayer una alta fuente de la institución que se inclina por una vía menos ambiciosa. Los 27 líderes de la UE (sin el Reino Unido) debatirán el viernes sobre las distintas opciones. Fruto de esas discusiones nacerá la Declaración de Roma que verá la luz el próximo 25 de marzo en el sexagésimo aniversario de los Tratados fundacionales. 

Más de 20 migrantes muertos en Libia en un choque de bandas de traficantes

Los inmigrantes subsaharianos que pretenden llegar a Europa se enfrentan a un riesgo adicional de muerte en el intento aparte del que representa cruzar el mar: las «vendettas» entre las mafias que los trasladan. Un enfrentamiento entre bandas rivales de tráfico de personas en la costa mediterránea de Libia se saldó con 22 muertos, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El portavoz del organismo estima que, además de los fallecidos, más de cien personas resultaron heridas en la refriega.

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