El coste de la criminalidad asciende al 3,55 % del PIB de Latinoamérica y el Caribe

Uno de cada tres homicidios que se cometen en el mundo se registra en Latinoamérica y el Caribe, lo que la convierte en la región más violenta del planeta, exceptuando las zonas de guerra. Y ello a pesar de gastar en seguridad más que los países más desarrollados y con menores tasas de violencia: 361.000 millones de dólares anuales, el 3,55% de su PIB.  Esta cantidad duplica el promedio de países desarrollados y equivale al total que la región invierte en infraestructuras


A CORUÑA

Países con bajas tasas de criminalidad, como Estados Unidos, Francia y Alemania, por ejemplo, solo invierten 2,75 %, el  1,87 % y el 1,34 % respectivamente, en el combate a la inseguridad. Esta es una de las principales conclusiones de un nuevo estudio sobre la materia en 17 países de la región que acaba de hacer público el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El estudio coordinado por Laura Jaitman, corrobora la tesis de que la violencia se ha convertido en el mal crónico de una región que en las dos últimas décadas había experimentado unas tasas de crecimiento cercanas al 4% y un notable descenso de los índices de pobreza en la mayoría de los países.

Pero esas mejoras no impidieron que siguiera siendo la región más violenta del mundo, con una tasa de homicidios de 24 por cada 100.000 habitantes en el año 2015, lo que multiplica por cuatro la media mundial.

Los datos ofrecidos por el estudio del BID corroboran en buena medida  los del informe del grupo de investigación de datos Verisk Maplecroft, publicado el pasado mes de diciembre según el cual seis países de América Latina están dentro de la lista de los 13 países en el planeta con mayor índice de criminalidad. Guatemala se ubica en el segundo lugar de la lista detrás de Afganistán. Los otros países de la región incluidos entre los de riesgo extremo son: El Salvador, Colombia, Venezuela, México y Honduras.

Hoy ya nadie discute que la inseguridad es el principal desafío para el desarrollo de la región, tanto  por sus elevados costos sociales -víctimización letal y no letal, fundamentalmente-  como económicos, que detraen recursos para otros fines, tales como las infraestructuras viarias, hospitales, escuelas, sistemas de transporte, etcétera.

El estudio de BID estima esos costos totales de los países de la región en un promedio del 3% del PIB, en una horquilla que va del 2,41 al 3,55 %. Eso supone unos 261.000 millones de dólares anuales, o lo que es lo mismo, unos 300 dólares per cápita. De esa cuantía  el 42 % son gasto público -fundamentalmente servicios policiales, que se llevan en toda la región unos 70.000 millones de dólares- el 37 % son gastos privados y el 21%  restante serían los costos sociales.

Los gobiernos de la región  gastaron 13.800 millones en sus  sistemas carcelarios. De ellos destinaron 6.500 millones a construir y mantener las instalaciones. Los autores advierten que son estimaciones conservadoras que, en cualquier caso, suponen el doble del costo promedio de países desarrollados.

El estudio presta especial atención a casos como los de países como  Brasil y México donde la inseguridad consume seis veces más recursos de los que invierten en sus programas de lucha contra la pobreza.

En el caso concreto de Brasil la disparidad del coste de la inseguridad  por estado es de lo más heterogénea. El triángulo norte de Centroamérica  formado por El Salvador, Honduras y Guatemala, tiene los más altos. También analiza los efectos del crimen organizado, un fenómeno que opera en toda la región y  que en países como México, dispara la violencia.

Una violencia que en nueve de cada 10 casos tienen como víctimas a hombres, pero más preocupante aún es el hecho de que el 50% de las víctimas tienen entre 15 y 30 años, uno de los grupos más productivos económicamente para cualquier sociedad.

Aunque la violencia impacta principalmente en los hombres, no por ello las mujeres están más a salvo en América Latina y el Caribe que en el resto del mundo. En la región hay casi dos veces más asesinatos de mujeres que el promedio mundial, cuya tasa es de 2,3 casos por cada 100.000 mujeres. A los hombres los matan en la calle y a las mujeres en las casas. Esta problemática genera costos directos al PIB de la región de 0,31 %, mientras que en el resto del mundo las muertes de mujeres tienen un costo en el PIB de 0,12 %.

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