El muro del emperador Trump, un paso más en la criminalización de los flujos migratorios

Donald Trump no ha rebajado un ápice los temores de los que ven en su llegada a la presidencia de la primera potencia mundial una auténtica pesadilla para la humanidad. Le faltó tiempo para echar a andar la promesa más delirante de su campaña: un muro-frontera con México, su vecino del sur


Miami

La orden presidencial de que se acometa la construcción del mayor muro de la vergüenza del mundo occidental, emitida en su quinto día como usuario del despacho oval, supone un paso más de la criminalización de los flujos migratorios que se generan fundamentalmente por al afán de supervivencia de miles de seres humanos al tratar de escapar de la miseria y/o violencia en la que están sumidos sus respectivos países de origen. El objetivo no es otro que controlar la inmigración por el flanco sur de su imperio.

Los datos oficiales de los propios servicios de inmigración estadounidenses son significativos, pero no justifican una iniciativa tan disparatada que, de ser llevada a la práctica hasta las últimas consecuencias, se estima que tendrá un costo inicial de unos 20.000 millones de dólares, a los que habría que sumar otros 13.000 millones anuales en mantenimiento.

Este multimillonario del ladrillo acaba de ser coronado como emperador de un imperio del que el 13 % de su población es de origen extranjero. Un 74,5 % de esos emigrantes están en situación legal y poco más de 11 millones -el 25,5 %- son ilegales porque están indocumentados.

De esos 11,1 millones de inmigrantes ilegales la gran mayoría -5.850.000- son de origen mexicano, 1,7 millones, provienen de distintos países de Centroamérica, 650.000 de Sudamérica, 425.000 del Caribe y cerca de 2,5 millones de otras partes del mundo (Asia, Europa, Canadá, Oriente Medio y África).

Ensañamiento

Su ensañamiento con los mexicanos, a los que pretende cargar los costes de tan magno disparate, no es casual. Los originarios de ese país con el que su imperio tiene una frontera de 3.142 kilómetros de largo, de los cuales ya están vallados más de una tercera parte, son, según él los máximos responsables de las agresiones sexuales, del desempleo y del crimen organizado que afectan a su país . Solo le ha faltado acusarlos de los atentados del 11-S.

Obviamente en el mundo crimen organizado los carteles mexicanos juegan un papel importante en el continente, pero no porque las leyes migratorias sean laxas, sino porque los súbditos de su imperio son el mayor consumidor de estupefacientes del mundo. Los narcos mexicanos se limitan a abastecer un mercado que, por tratarse de una mercancía ilegal, gracias al férreo empeño de alguno de sus antecesores en el cargo, genera unas ingentes plusvalías.

Tampoco parece darse por enterado de que la mayor parte de las ganancias que generan esos mercados ilícitos se blanquean y/o se ocultan en su país donde asimismo radican alguno de los paraísos fiscales más usados por los grandes delincuentes de todo el mundo.

Otros datos objetivos de los que míster Donald no parece darse por enterado es que el sofisticado armamento que utilizan los narcos mexicanos en su cruenta guerra contra las fuerzas de seguridad se las suministran, a buen precio, fabricantes y comerciantes de su país, que no se verían mínimamente afectados por el polémico proyecto de muro.

Si entre tuit y tuit el personaje que los norteamericanos acaban de estrenar como gobernante de este gran país se molestase en leer algo o en escuchar a los expertos que tiene a su disposición, también podría caer en la cuenta de que cuanto más alto e infranqueable sea su muro más altos serán los peajes que aquellos ciudadanos que aspiran a una vida un poco mejor de la que actualmente tienen fuera del imperio habrán de pagar por conseguirlo. Así, la apuesta de los grandes carteles mexicanos por diversificar el negocio desde que empezó a bajar la demanda de cocaína y se han implicado más el tráfico de personas, acabará siendo un rotundo éxito.

Si Trump se sale con la suya y se consolida el negocio del tráfico de personas, es más que probable que los sucesores del Chapo Guzmán sean generosos con él a la hora de contribuir a la campaña para su reelección en el 2020, porque le va a costar caro convencer a los ciudadanos que lo tendrían que volver a votar. Cada día son más los salen a la calle a a mostrarles su rechazo. Ayer, domingo, varios centenares lo hicieron a las puertas del aeropuerto internacional de Miami.

Que entre los emigrantes por razones económicas o políticas se cuelan delincuentes profesionales o coyunturales, es una realidad, pero no lo es menos el que el muro tampoco va a a acabar con ese grave problema. No se le pueden poner puertas al mar y los férreos controles aduaneros tampoco son capaces de impedir que muchos delincuentes -tal vez los más peligrosos- entren por los aeropuertos

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