El castillo fantasma de François Fillon

La revelación de que tiene un «chateau» lo expone a ataques de la izquierda


parís / colpisa

Primero dijo que tenía una casa. Luego se supo que era más bien una casa solariega. Ahora resulta que es todo un castillo. François Fillon es castellano. O sea, señor de un castillo en la octava acepción del diccionario. El postulante conservador al Elíseo es dueño de un «château». Así figura en el acta notarial de la venta. El semanario Le Canard Enchaîné ha podido consultar el documento, cuya publicación da munición a la izquierda contra el candidato de los ricos.

Fillon y Penelope, su mujer británica, adquirieron el castillo de Beaucé el 17 de mayo de 1993. El galo y la galesa se lo compraron a sor Marie-Renée, una monja de Solesmes, un pueblo más conocido por sus dos abadías benedictinas. Pagaron 2,4 millones de francos, unos 366.000 euros al cambio. Hoy está valorado en torno a 650.000 euros. Es lo que calculó Fillon hace un par de años en una entrevista en la que se presentó como «propietario de una casa».

Exceso de modestia. La casa es un «château» de narices. Torre del siglo XV, 3.000 metros cuadrados habitables, 14 dormitorios, un montón de cuartos de baño, gran comedor con chimenea, cocinas, lavandería, salón, biblioteca. y hasta capilla del XIX para las genuflexiones del dueño, católico practicante. Más de seis hectáreas rodean la morada.

El mismo día el futuro presidenciable de la derecha se hizo por 61.000 euros con la finca anexa. Un terreno adicional de 7,2 hectáreas que baña el río Sarthe y está arrendado a un matrimonio campesino. Los aldeanos deben pagar una renta anual consistente en 21 quintales de «trigo candeal de calidad sana, leal y marchante», así como 218 kilos de carne de buey de primera calidad, «pesada en vivo».

El matrimonio Fillon posó con sus cinco hijos delante de la majestuosa vivienda en las páginas de Paris Match en agosto de 2013. «No soy como otros que no enseñan jamás sus propiedades en la Costa Azul», asumió en alusión al socialista François Hollande, a quien ahora aspira a desahuciar del Elíseo. Giscard y Chirac, anteriores inquilinos del palacio presidencial, también tenían castillos. Pero eran otros tiempos.

«En un período de crisis social muy fuerte, la temática del pueblo contra las élites está especialmente de actualidad», apunta el historiador Jean Garrigues. En el caso del castillo de Fillon, cree que «la sospecha de disimulación es lo perjudicial». La historia del castillo sorprendió al candidato conservador en una visita electoral a los Traperos de Emaus para dar imagen social.

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