«A mi primo lo tuvieron que reducir entre varios», avisa el dueño del camión

El chófer presentaba signos de lucha, una herida de bala y otra de arma blanca

Las horas previas al atentado Las horas previas al atentado

redacción / la voz

Los últimos dos días han sido un auténtico calvario para Ariel Zurawski, el dueño de la empresa del mismo nombre a la que pertenecía el camión de la muerte que sembró el pánico en el mercadillo navideño de la Breitscheidplatz. Primero se vio sorprendido por el aluvión informativo que señalaba al conductor del Scania, que además era su primo, como el supuesto autor del atentado. «No. Eso es imposible. Lleva más de quince años trabajando con nosotros y eso no es cierto. No es ningún radical. Lo han tenido que secuestrar o amenazarlo con algo, porque Lukasz -que así se llamaba su empleado- es incapaz de hacer algo semejante», explicaba en una de sus múltiples comparecencias ante los medios para defender la honorabilidad de su compañía y de su primo.

En su móvil tenía los mensajes de las últimas horas. Lukasz llevaba una semana y media en la carretera tras una ruta hasta Turín. El pasado lunes se había hecho cargo de un flete inesperado y había salido de la ciudad portuaria de Gdansk poco antes de las ocho de la mañana, como acredita el GPS del camión. Hizo una parada imprevista a mitad de camino, en Szceczin, y llegó a las afueras de Berlín poco antes de las cuatro de la tarde del lunes. «Los vehículos pesados tienen que aparcar fuera del centro urbano. La entrega tenía que efectuarse el martes por la mañana y mi primo estacionó conforme a lo habitual. Me llamó y me dijo que estaba en un barrio lleno de musulmanes y que iba a comer un kebab, pero que entregaría las vigas el martes por la mañana porque quería estar en casa el jueves como muy tarde para comprarle el regalo de Navidad a su mujer», relataba Zurawski.

Fue la última vez que tuvo noticias de su primo. Ayer, no daba crédito a las noticias de que Lukasz, casado y padre de un hijo de 17 años, con miles de kilómetros a sus espaldas, había sido asaltado y asesinado con un arma blanca. «Eso no lo ha podido hacer un hombre solo. No es posible. Lukasz mide 1.83 de alto y pesa más de 120 kilos. Era una persona muy fuerte a la que no es fácil reducir y menos en una pelea con una sola persona», explicaba el dueño de la empresa de transportes polaca.

Sus vaticinios parecen reflejarse en las evidencias de lucha que el cuerpo del conductor asesinado presentaba y que fueron confirmados por fuentes policiales a los medios de comunicación alemanes. Ariel Zurawski los enumeraba tras identificar el cadáver de Lukasz a través de una imagen que le enseñó la policía polaca: «Se veían marcas de golpes. Era evidente que habían luchado. Su rostro estaba ensangrentado, hinchado. Tenía una herida de arma blanca y los agentes me dijeron que también tenía otra de bala».

Ariel se mostró consternado, como toda su familia. Solo percibió un detalle extraño. «Nos saltó el aviso del GPS de que el camión se encendió hasta tres veces a lo largo de la tarde. Pero apenas se movía, por lo que no le dimos importancia». La policía sospecha que el supuesto terrorista estaba haciendo prácticas para comprobar si podría dirigir el camión hacia el corazón del mercadillo navideño berlinés y ejecutar la masacre.

«Me giré y vi el camión en mi cara», cuenta el único herido español

La policía alemana había confirmado ayer la muerte de seis conciudadanos, mientras que intentaba identificar a las otras seis víctimas mortales. Dos de ellas podrían ser una mujer italiana y otra israelí. Entre el medio centenar de heridos hay un español, un vasco de 23 años, Iñaki Ellakuría, un estudiante que se encontraba en el mercadillo berlinés junto a dos amigas y que relató el atentado a través de sus redes sociales mientras esperaba a ser intervenido quirúrgicamente de una fractura de tibia, peroné y cadera.

«Estaba en la Breitscheidplatz y oí al camión chocando contra la primera caseta, me giré y lo tenía en mi p... cara. Iba rápido, muy rápido para ser una salida de calzada», indicaba el joven vasco en sus comentarios en la misma red social donde colgó otros en los que jaleaba la lucha callejera. 

Familia conocida

«Hacía mucho frío, cada vez que tiritaba, el insoportable dolor (el mayor que jamás he sufrido) se multiplicaba», contaba Iñaki, que procede de una familia muy conocida en Vizcaya, según Colpisa. Su tío abuelo fue el religioso Ignacio Ellacuría, asesinado en 1989 por militares durante la guerra civil en El Salvador. Su tía Elena regenta una farmacia en Getxo. Y su abuelo, el ingeniero Fernando Capelastegui, fue director general de Altos Hornos de Bizkaia. La semana pasada, el Colegio de Ingenieros le rindió un homenaje al que acudió Antón Ellakuría, hermano de Iñaki, que también tiene otra hermana: Begoña. El domicilio familiar está en el barrio de Abando, en pleno centro de Bilbao.

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