La paz en Colombia no traspasa todavía del papel a la realidad

Santos recogió ayer el premio nobel en Oslo y dijo que «hay una guerra menos en el mundo», pese a que el desarme no avanza


BOGOTÁ / E. LA VOZ

Los pulcros salones del Oslo City Hall recibieron ayer a Juan Manuel Santos. «Hay una guerra menos en el mundo, y es la de Colombia», dijo el presidente colombiano al público noruego tras recibir el flamante premio Nobel de la Paz por sus acuerdos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). 

Las cosas en casa, sin embargo, parecen algo más embarradas de lo que podría parecer a tenor de las palabras de uno de los principales impulsores del proceso de desarme de la guerrilla. El segundo pacto con la insurgencia, tras el rechazo del primero en referendo, incluyó cambios sugeridos por los sectores críticos. Las modificaciones no contentaron a quienes se oponen al acuerdo. Mucho menos convenció su aprobación por vía parlamentaria. Esta vez no se le pidió opinión a los colombianos en plebiscito: «Los dictadores, en nombre de la paz, lo que han hecho es eliminar la democracia», dijo ayer  el expresidente Álvaro Uribe, líder de la oposición al acuerdo con la guerrilla.

Tampoco parecen estar contentas las FARC. Diez días después de la firma del pacto, siguen sin desmovilizarse. Se encuentran a la espera de que la Corte Constitucional de su visto bueno a la implementación del acuerdo de paz a través del Fast track, un mecanismo ideado para reducir el tiempo de tramitación de las leyes y reformas constitucionales necesarias para ejecutar lo firmado con la guerrilla.

El jurado ha retrasado su decisión. Se espera que falle mañana. En el seno de la guerrilla existe cierta preocupación por la demora: «No permitamos que la paz quede enredada en una telaraña jurídica tejida por la insensatez, que puede atrapar por años nuestra esperanza», dijo esta semana Iván Márquez, jefe de la delegación negociadora guerrillera. 

Sin acantonar

Tampoco se moverán los combatientes hasta las zonas de desmovilización hasta la aprobación de la Ley de Amnistía. Esa es una de las exigencias planteadas por los guerrilleros condenados por delitos políticos asociados a la rebelión. No así los sentenciados por crímenes de lesa humanidad, entre otros, que quedarían al margen del perdón colectivo. La guerrilla calcula que unos 300 presos podrían salir inmediatamente de prisión.

Los líderes de las FARC quieren tener esa seguridad jurídica antes de colgar los fusiles. Ante la posibilidad de demora, el Gobierno podría preparar indultos. También piden que se suspendan las órdenes de captura. «Es comprensible que nadie emprenda el movimiento hacia las zonas de acogida transitorias de normalización si se corre el riesgo de ser detenido», señaló Márquez. Buena parte de los insurgentes se encuentra actualmente en zonas de agrupamiento previo, a la espera de la aprobación de las dos exigencias legales. 

Los combatientes ya han tenido noticias, en cualquier caso, de la situación de algunos de los más de veinte campamentos donde dejarán las armas y residirán unos seis meses. Algunas de esas zonas son, a día de hoy, pura selva, sin apenas construcciones o acceso a energía y agua, provocando malestar en la insurgencia. No fue fácil la aprobación de un pacto entre el Gobierno y la guerrilla. Tampoco lo está siendo su implementación. Los retos son mayúsculos para el país en los próximos meses.

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