Los pilares de la gran coalición que rige la UE se derrumban

Los socialistas plantan a la derecha por copar las instituciones


bruselas / corresponsal

La gran coalición está hecha trizas. Dos años y medio es lo que ha durado el pacto sellado entre conservadores y socialdemócratas para facilitar la gobernabilidad de las instituciones europeas. A la primera de cambio, las costuras se han abierto. Solo ha bastado con forzar la salida del presidente de la Eurocámara, el progresista Martin Schulz, quien a falta de apoyos para revalidar su mandato, ha decidido exiliarse a un territorio inhóspito para él: la política nacional alemana.

El librero de Würselen deja atrás un Parlamento Europeo en llamas. La caja de Pandora se abrió el miércoles cuando el líder socialdemócrata en la Eurocámara, Gianni Pittella, anunció la ruptura del pacto tácito con el Partido Popular Europeo y confirmó su candidatura a la presidencia de la Cámara. «Nunca aceptaremos un monopolio del PPE. Una de las presidencias debe volver a la familia europea», advirtió el italiano, para quien la salida de Schulz supone «el fin del equilibrio» entre las principales familias políticas en la UE.

El poder está repartido de forma muy asimétrica. La Comisión Europea permanece bajo el dominio del conservador Jean Claude Juncker. El timón del Consejo Europeo lo dirige el polaco Donald Tusk, del mismo signo ideológico.  El PPE no quiere renunciar a tomar el bastón de mando en la Eurocámara. Su líder, Manfred Webber, se mostró contrariado por la reacción progresista. «Teníamos un acuerdo y debe respetarse», aseguró el alemán haciendo alusión a los términos de la alianza que forjaron tras las elecciones europeas del 2014 para repartirse los cargos. 

Pero el nuevo status quo no convence a los progresistas que se quedarían tan solo con el puesto de la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Seguridad, en manos de Federica Mogherini. Y eso a pesar de que son la segunda fuerza más votada en el Parlamento Europeo. Los socialdemócratas cuentan con 189 eurodiputados frente a los 215 conservadores. El propio Juncker trató de presionar a su grupo para que apoyasen la continuidad de Schulz, sin éxito.

Las consecuencias de la ruptura pueden ir más allá del mero juego de tronos en la Eurocámara y provocar sacudidas en la Comisión. Pittella ya dejó entrever que serán implacables en la audición prevista del polémico comisario Günther Oettinger, quien aspira a ocupar la vicepresidencia de la Comisión. El Parlamento Europeo puede bloquear al equipo de Juncker. El luxemburgués tampoco está fuera del alcance de los dardos. Si la presidencia de la Eurocámara no acaba en manos progresistas y los líderes europeos se niegan a quitar el bastón a Donald Tusk en el Consejo, Juncker podría estar en aprietos para terminar su legislatura. 

La lucha en la que se ha enfangado el bipartidismo por el poder en la UE llega en el peor momento posible para los intereses de ambas familias ideológicas. El acecho de los populistas y eurófobos y los reveses consecutivos que han sufrido socialdemócratas y conservadores en el referendo griego, las elecciones austríacas, el referendo holandés y el británico, pueden avivar la desafección ciudadana a las puertas de un año minado de elecciones (Alemania, Holanda y Francia) trascendentales para el futuro del proyecto europeo.

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