Detenido un yihadista español infiltrado en el espionaje alemán

Su trabajo en el organismo teutón consistía en observar de cerca a salafistas considerados potencialmente peligrosos


berlín / e. la voz

El último patinazo de las autoridades alemanas es histórico. Después de haber permitido en octubre el suicidio en prisión del islamista sirio Jaber Albakr, en un caso que estuvo plagado de errores policiales, ahora le toca el turno al departamento de inteligencia, que por primera vez ha destapado a un espía yihadista entre sus empleados. El topo, que se había radicalizado hacía dos años sin que nadie se percatara, fue contratado en abril por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), como se conoce a los servicios secretos alemanes. Su trabajo consistía en observar de cerca a salafistas considerados potencialmente peligrosos y, solo pudo ser descubierto, gracias a una metedura de pata.

Fue cuando se identificó con un nombre falso en un chat de Internet y, tras contarle a su interlocutor que trabajaba en la BfV, le propuso facilitar el acceso de otros presuntos yihadistas al organismo, con el fin de perpetrar un atentado contra «infieles» que le resultaría «grato a Alá». Lo último que se esperaba era que su contertulio, un agente de la BfV, lo denunciara a sus superiores. Al parecer se trata de un hombre de 51 años de origen español, pero con nacionalidad alemana, padre de cuatro hijos. Aunque las autoridades no han querido proporcionar más datos sobre su identidad, algunos medios aseguran que podría haber nacido en Almería y que habría ejercido en el pasado como actor de películas pornográficas destinadas a un público homosexual.

El agente fue detenido el martes por la noche, según confirmó la fiscalía de Düsseldorf, que se encuentra a cargo de la investigación. En su domicilio se han hallado ordenadores y dispositivos informáticos que están siendo analizados. La fiscalía se empeña en desdramatizar, al afirmar que no hay pruebas de que planeara un atentado ni de que traspasara información relevante a sus «hermanos de fe», tal como pretendía a juzgar por su declaración.

Pero el daño ya está hecho. Nadie se explica cómo es posible que un hombre con este perfil consiguiera infiltrarse en los servicios de inteligencia sin llamar la atención. Tanto es así, que la oposición reclama una investigación independiente para esclarecer hasta dónde llegan los daños. «Estamos ante un vacío de seguridad», denunció el responsable de política interior del Partido Socialdemócrata, Burkhard Lischka. Sin embargo, el ministerio del Interior niega que haya un problema de seguridad, y se justifica diciendo que los trámites para controlar a los nuevos empleados de la BfV y a sus familiares suelen demorarse al menos seis meses.

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