Syriza abre su congreso carcomida por una grave crisis

El 90 % de los helenos cuestiona el trabajo del Gobierno tras los recortes impuestos en el plan de rescate de la Unión Europea


Redacción / La Voz

Alexis Tsipras se despertó esta semana con un rosario de malas noticias. Pero la peor de todas se la dieron los suyos: Avgí, el periódico oficial de Syriza, publicaba una encuesta en la que el 90 % de los griegos se declaraba disconforme con el Gobierno heleno y el 85 % entendía que la estrategia empleada era errónea. Así llega Tsipras, la gran esperanza de la izquierda europea más radical al segundo congreso de su partido, que arrancó ayer y finalizará el domingo con su más que previsible reelección como líder.

Syriza ha sufrido un proceso de desgaste considerable desde que hace más de un año ganara sus primeras elecciones. Sumó entonces un 36,6 % de los votos, que bajó ligeramente (al 35,5) en septiembre del 2015, en unos comicios en los que Tsipras quiso recabar el aval de sus compatriotas para aplicar el exigente programa de reordenación económica para frenar la deuda galopante.

Hoy, trece meses después, con la primera tanda de recortes en marcha -bajada del 30 % de las pensiones, incremento del IVA, venta de algunas empresas estatales y privatización de las infraestructuras y el metro de Atenas, entre otras- y una segunda oleada en el horizonte a partir de diciembre, las expectativas electorales de la formación rupturista se han hundido por debajo del 18 %, muy lejos del 28 % que elegiría a Nueva Democracia.

Desmovilización

Ese sentimiento de frustración es masivo entre las bases de Syriza. «Esto es un gobierno de los acreedores, no de las ideas de nuestro partido», gritan los votantes más tradicionales de la formación que lidera Tsipras. Y esa desafección se traslada al congreso del partido, que solo ha logrado reunir a 2.400 participantes, menos de la mitad de los inscritos. Y la avalancha de protestas por los efectos de los recortes es constante: ayer le tocó a los pensionistas parapléjicos, pero cada día algún colectivo sale a la calle para protestas por su situación.

Todo ello ha provocado ya tres escisiones en el partido. Primero fue Varufakis el que abandonó a Tsipras tras aceptar el rescate. Luego le tocó a Unidad Popular y Travesía hacia la libertad, con el ala más izquierdista del partido. Y, ahora, Tsipras ha de hacer frente al grupo de Los 53, que rechazan hacer más concesiones a la UE, y la Plataforma 2010, que también le exige más cambios en su política económica. «Seguimos siendo de izquierdas pese a los recortes», se defendió ayer Tsipras.

Hollande revela que Tsipras llamó a Putin para imprimir dracmas y dejar la UE

La publicación de un libro de confidencias hechas por el presidente francés François Hollande a dos periodistas de Le Monde en 61 entrevistas y una veintena de cenas en el Elíseo se ha convertido en objeto de polémica en Francia. El libro, presentado como una cruda crónica de su presidencia desde 2012, ha provocado una cascada de reacciones de incredulidad y turbación que afecta a los magistrados, pasando por los futbolistas y hasta a su propio campo político.

Uno de los episodios más polémicos recogidos en el libro se refiere a una llamada del presidente ruso, Vladimir Putin, en pleno órdago del grexit. «Me acaba de llamar Alexis Tsipras para preguntarme si podemos imprimir sus dracmas en nuestra prensa, porque su máquina está inutilizada», le contó Putin a Hollande. El presidente galo interpretó esa llamada con su ministro de Finanzas como una prueba de que Tsipras barajaba de forma real la posibilidad de forzar un grexit y buscaba alternativas para recuperar su moneda.

Revelaciones personales

Además de la política internacional, las revelaciones más curiosas tienen que ver con su análisis subjetivo de lo ocurrido en Francia desde el 2012. Abundan las confidencias que se asemejan a bombas de fragmentación. Desde estocadas a su predecesor Nicolas Sarkozy (al que apoda «el pequeño De Gaulle»), pasando por un juicio sobre su excompañera Valérie Trierweiler («una mujer infeliz que en realidad temía a Segolene Royal»), hasta críticas a la justicia («una institución de cobardes») o a los futbolistas («niños maleducados» o «Benzema no es un buen ejemplo», entre otras apreciaciones).

Duras críticas

Según se han ido conociendo partes de la publicación, las reacciones no han tardado en llegar. «Es un suicidio en 700 páginas», indicaron algunos de los críticos con François Hollande ante el contenido de su libro, que llega cuando el presidente galo está especulando sobre su posible presentación a la reelección.

«Horrible», «lamentable», confiaron algunos diputados socialistas a los diarios bajo anonimato. La oposición de derecha y de extrema derecha tampoco desperdició la ocasión. «Dan ganas de preguntarle: ‘¿cuándo dejó de confesarse? Y, sobre todo, ¿cuándo trabaja?’», lanzó Nathalie Kosciusko-Morizet, una de los siete candidatos en las primarias de los republicanos.

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