El gran comodín de la política colombiana

Santos ocupó tres ministerios bajo tres presidentes diferentes y pasó seis años sin hablar con su mentor


Redacción / La Voz

Juan Manuel Santos (10 de agosto de 1951, Bogotá) estaba destinado al éxito desde la cuna. Miembro de una de las familias con más raigambre y poder de Colombia -aristocrática, según la definición local- es sobrino nieto de Eduardo Santos, que fue presidente del país, como su tatarabuelo por vía materna, Clímaco Calderón.

Santos, cuyas raíces familiares tienen sus orígenes en Santander, siempre tuvo la vista puesta en la política. Se formó en Economía, primero en la Universidad de Kansas y luego, durante los primeros años de su carrera profesional, en Londres. De vuelta a su Bogotá natal, donde se casó por dos veces y tuvo tres hijos, se empleó en uno de los negocios estrella de la oligarquía de los Santos, el periódico El Tiempo, en el que hizo sus pinitos como periodista y subdirector. En 1999 firmó un libro con Tony Blair bajo el título La tercera vía en Colombia. Pero su amor por las letras pronto se vio truncado por el salto a la gestión. Fue ministro de tres áreas para tres presidentes distintos, en lo personal y en lo ideológico: del poeta César Gaviria -como le definían sus detractores- al durísimo Álvaro Uribe, pasando por el posibilista Andrés Pastrana. Con ellos ocupó las carteras de Comercio Exterior, Hacienda y Defensa. Y a los dos últimos los ha tenido enfrente en el plebiscito sobre el acuerdo de paz suscrito con las FARC tras 45 meses de duras negociaciones en La Habana.

Dicen los politólogos colombianos en tono irónico que los partidos de Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe solo tienen una discrepancia ideológica fundamental: unos van a la misa de once y los otros a la de doce. Quizá por ello, el actual presidente era considerado como uno de los más duros del uribismo. Bajo su dirección como ministro de Defensa cayeron sucesivamente hasta 63 líderes y comandantes de las FARC, incluidos dos máximos responsables, Alonso Cano y Raúl Reyes, así como su responsable militar, el Mono Jojoy. Por su contundencia en el combate con los insurgentes se ganó el apoyo de los militares -le gusta presumir también de su pasado en la Armada- y un proceso judicial del que salió indemne.

El delfín

Quizá por ello, a nadie le sorprendió cuando Álvaro Uribe le nombró heredero para las presidenciales del 2010. Pero todo cambió desde su victoria en las urnas. Uribe pronto empezó a desconfiar del que había sido su delfín. Tanto dudó de su lealtad que han tardado casi seis años en volver a dirigirse la palabra y que su primer cara a cara en más de un lustro se concertó a través de las redes sociales y contó con la presencia de numerosos testigos.

La distancia entre ambos se hizo insalvable en el 2013. «La historia nos mira», anunció Juan Manuel Santos el inicio de las conversaciones de paz «oficiales» con el alto mando de las FARC en La Habana poco más de un año después de ser operado de cáncer de próstata.

Aquel paso, clave para el futuro de una Colombia en paz, le alejó de su mentor político, pero le franqueó las puertas de la reelección en el 2014 y su definitiva consagración como líder.

Santos será el segundo colombiano que reciba un Nobel. El anterior fue Gabriel García Márquez. Seguro que al presidente colombiano le gustaría firmar la crónica de una paz anunciada para poner fina 52 años de soledad en forma de muerte, extorsión y dolor en miles de familias de todo el país. Su Macondo es un futuro en paz para Colombia.

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