Hungría decide si respalda la OPA de Orban contra la UE por los refugiados

El referendo es el desafío más fuerte contra la integración europea desde el «brexit»

Budapest.
Budapest.

bruselas / corresponsal

«¿Quiere que la Unión Europea decrete una reubicación obligatoria de ciudadanos no-húngaros en Hungría sin la aprobación del Parlamento húngaro?». La pregunta la lanza hoy el Gobierno magiar a sus ciudadanos, a los más de 8 millones que están llamados a las urnas. ¿Otro referendo? Así es. Con el trauma del brexit todavía en el cuerpo, la UE asiste a un nuevo pulso político. Budapest es el epicentro de esta nueva batalla.  

¿Qué se vota exactamente? 

Los húngaros deben decidir si cumplen con sus compromisos de acogida de refugiados o, por el contrario, se rebelan contra la UE y su plan de cuotas obligatorias. El país debería haber reubicado a 1.294 migrantes procedentes de Grecia e Italia de los 160.000 previstos por Bruselas, pero a día de hoy no ha llegado ni uno solo a territorio magiar. A pesar de los tirones de orejas de la Comisión Europea, Hungría se ha negado de forma sistemática a abrir sus puertas y ha instado a otros socios europeos a sumarse a la rebelión (Polonia, República Checa y Eslovaquia).   

¿A quién favorecen los sondeos?

Hasta ahora las encuestan dan como claro vencedor al no, respaldado por el partido Fidesz del primer ministro, Viktor Orban, y por el partido xenófobo y ultraderechista Jobbik. Según la Fundación Századvég, cerca del 72 % de los húngaros rechazan la política de cuotas y hasta un 78 % votarán en esa línea. La campaña de la extrema derecha ha sido feroz. No solo se ha cuestionado la política migratoria y la autoridad de Bruselas, emanada de los acuerdos entre los líderes europeos, también se ha puesto el foco sobre los refugiados, a los que se les vincula en los panfletos con ataques terroristas y con el deterioro económico y social del país. La incógnita es si la retórica inflamable de Orban conseguirá movilizar a más del 50 % del electorado, clave para validar el referendo. El sí en la consulta solo lo patrocinan los liberales. Socialistas y la coalición de partidos de izquierda han pedido a los ciudadanos que no participen en la farsa populista de Orban y se abstengan de ir a votar. Otras organizaciones civiles y activistas instan a boicotear de forma satírica la cita electoral.  

¿Es vinculante el resultado?

No. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, dejó bien claro que Hungría no puede echar por tierra un acuerdo comunitario. «Ni es vinculante para las instituciones de la UE ni puede afectar a las obligaciones del país con arreglo al derecho de la UE», recordó. Sin embargo, el triunfo del no puede abrir una grave crisis política en la Unión. El incumplimiento deliberado de los acuerdos obliga a los 28 a replantear de abajo hacia arriba todo el proceso de toma de decisiones y a sopesar qué políticas deberían volver a manos de las capitales. Un paso atrás en el proceso de integración europea.  

¿Por qué lo ha convocado Viktor Orban?

«No podemos dejar que Bruselas esté por encima de la ley. No podemos dejar que nos fuercen a importar su política migratoria fallida», argumenta el líder magiar. Sus mensajes, simples e inculpatorios, funcionan como combustible para mantener el apoyo de los ciudadanos mientras barre bajo la alfombra la corrupción y la deriva autoritaria del Gobierno. Con este referendo Orban también ha puesto en un brete a Bruselas. Algunos líderes se están replegando hacia posiciones nacionalistas aprovechando el temor extendido a un cambio en la identidad cultural. Orban lo ha sabido explotar y ahora se erige como guardián de las fronteras europeas, amotinado tras extensas vallas y amenazando con penas de cárcel a quien se atreva a cruzar de forma irregular. La perversidad de sus discursos refleja también el sentir generalizado de los húngaros. Según Pew Research Center, el 76 % consideran que la acogida de refugiados aumenta la probabilidad de sufrir ataques terroristas y un 82 % los consideran una carga para el país.

Enfrentamientos entre la policía y manifestantes ante La Jungla en la ciudad de Calais

Finalmente se produjeron los enfrentamientos que tanto se temían. Ocurrió cuando un grupo de unas 250 personas entre activistas e inmigrantes se concentraron bajo un puente en el que estaba expresamente prohibida cualquier acción de este tipo, con la intención de dirigirse desde allí al centro de Calais. Los choques entre la policía y los manifestantes dejaron tres agentes heridos.

Los enfrentamientos se produjeron después de que la prefectura prohibiera esta misma semana una manifestación que debía partir de La Jungla para entrar en la ciudad. Según las autoridades, los manifestantes que se reunieron pertenecían en su mayor parte al colectivo No borders o eran inmigrantes que habitan en el campo. Los agentes utilizaron gas lacrimógeno y cañones de agua para dispersarlos, ante lo cual algunos manifestantes respondieron lanzando piedras. Poco antes, cuatro autobuses que habían salido de París y que transportaban a personas que querían participar en la manifestación se quedaron bloqueados a unos 40 kilómetros de La Jungla. Se trataba de «militantes de ultraizquierda parisinos y de migrantes provenientes de París».

El Gobierno francés anunció que desmantelará completamente antes de que termine este año el campamento, en el que se hacinan entre 7.000 y 10.000 migrantes cuya idea es cruzar hacia el Reino Unido. La idea del Gobierno es distribuirlos por el país, lo que ha dado lugar a protestas de la derecha que se oponen a la dispersión. Una de las medidas de presión a las que recurre es celebrar referendos en los ayuntamientos. La justicia francesa, de hecho, decretó ayer como ilegal el que se iba a celebrar en Allex, un pueblo del sur de Francia, sobre la apertura, por parte del Estado, de un centro de acogida.

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