Los islamistas le echan un pulso a la monarquía en las elecciones de Jordania

El escrutinio durará dos días, a pesar de que solo un 36 % de los jordanos votaron

Una mujer exhibe la mancha de la pintura en el dedo, con el que se identificó al votar.
Una mujer exhibe la mancha de la pintura en el dedo, con el que se identificó al votar.

aMÁN / CORRESPONSAL

Jordania celebró ayer unas elecciones colmadas de contradicciones. Los que merodeaban los colegios electorales, casi vacíos en su interior, no votaban. Ni siquiera quienes hacían campaña por un sueldo: «No sé qué programa tienen, ni me fío», resumía Lina, pese a llevar una camiseta serigrafiada con la cara de uno de los candidatos. Es más, los comicios se convocaron por anticipado tras la aprobación de una ley electoral que tiene como objetivo fortalecer a los partidos políticos y, por ende, la democracia derivada de las reformas que alentó la llamada Primavera Árabe. Pero, al mismo tiempo, esa reforma persigue «como fin no declarado que ningún bloque obtenga suficiente mayoría en el Parlamento, concretamente el Frente de Acción Islámica (FAI)», aclara el analista político, Osama Al Sharif, sobre el brazo político de los Hermanos Musulmanes, el mayor grupo de oposición.

Con esa nueva fórmula, nadie entiende el mecanismo que se utilizará en el recuento final, previsto para dentro de dos días, de unos comicios disputados entre más de 1.200 candidatos repartidos en listas electorales abiertas. Una tímida apertura en favor de las formaciones para cambiar el tradicional sistema individual que beneficia a los líderes tribales y hombres de negocios, pro régimen monárquico.

Esas restricciones en el acceso al primer nivel de la vida política son uno de los motivos por los cuales el FAI, consciente de su amplia base social, había boicoteado las elecciones de 2010 y 2013. Ahora, los islamistas han aceptan el reto y concurren, también infiltrados en listas que no abanderan eslóganes islamistas. «Después de las escisiones internas y la persecución gubernamental que han vivido estos años, cuando el Ejecutivo ilegalizó la hermandad vinculada a Egipto, si obtienen más de lo esperado -unos 15 escaños de los 130- mandarán el mensaje de que siguen fuertes», apunta Al Sharif sobre esta jornada. El líder del FAI, Zaki Bani Ershaid, mostró su preocupación por un posible «fraude».

Ante todo, los comicios están marcados por la desafección, con una estimación del 36 % de participación, por debajo del 55 % de 2013. La crisis económica, los bajos sueldos y las tensiones bélicas de los fronterizos Irak y Siria afectan al ánimo de los jordanos, descreídos con el futuro. «Nunca he votado. Todo es pura corrupción y sabemos que pagan a la gente 50 dinares (62 euros) por un voto», reprocha Ahmad desde Tabarbour, un barrio de clase media baja en la capital Amán, castigado por las dinámicas de este país, en el corazón de Oriente Medio.

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