El secuestro del hijo del Chapo recrudece la guerra entre cárteles

Estaría en el grupo de personas capturadas por sicarios del cartel rival, en el turístico Puerto Vallarta


Redacción / la voz

«No vamos a permitir que nos quiten la tranquilidad». El gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, lanzó ayer ese mensaje después de un nuevo ajuste de cuentas entre los cárteles de la droga. El suceso ocurrió el lunes en la localidad turística de Puerto Vallarta. Sobre la una de la madrugada (ocho de la mañana en España) un grupo de siete individuos armados bajaron de una Toyota Tacoma y una Chevrolet Suburban frente al lujoso restaurante La Leche, en plena avenida principal de esa localidad turística del Pacífico. Entraron en el local y retuvieron a seis comensales que disfrutaban de la cena acompañados por nueve mujeres. Los secuestradores, al parecer sicarios del cartel Jalisco Nuevas Generaciones (CJNG), no querían nada con ellas. Solo pretendían lanzar una nueva advertencia a sus exaliados del cartel de Sinaloa, grupo para el que habían trabajado años atrás controlando la seguridad de sus familias en la zona de Guadalajara.

Pero de confirmarse definitivamente las sospechas de que entre los secuestrados está el hijo Joaquín El Chapo Guzmán, Iván Archivaldo Guzmán, el hecho sería algo más que una advertencia. Sería como lanzar una bomba atómica que recrudecería la guerra entre ambos grupos. 

No hay ni un solo minuto de tregua en el Pacífico. Nada más conocer la noticia el fiscal de Jalisco, Eduardo Almaguer, se desplazó a la zona desde Guadalajara, mientras un operativo formado por militares, junto con policías estatales buscaba a los retenidos. El representante del ministerio público no confirmó definitivamente que estuviera el hijo del Chapo en la cena, pero reconoció que era probable y habló de las dificultades que han tenido para identificar a los desaparecidos porque varios de ellos presentaron en el local identidades falsas. Para conocer quienes son tienen los vehículos de lujo que quedaron aparcados en el restaurante, una camioneta Dodge Challenger, un Jeep Limited, un Land Rover, un Cadillac Escalade y una Honda CRV, además del repaso de las cámaras de seguridad.

El supuesto secuestro del hijo del Chapo no es más que un nuevo ataque contra la familia del capo del cartel de Sinaloa en los últimos dos meses. A mediados de junio medios locales publicaron que la casa de su madre en su natal Badiraguato, Sinaloa, fue atacada, aunque la fiscalía desestimó esa denuncia. A finales de julio se conoció la muerte a tiros de dos jóvenes sobrinos políticos del narcotraficante.

Pero el enfrentamiento entre la banda de Jalisco Nuevas Generaciones con el cartel liderado por el Chapo no es más que una pata de la compleja guerra abierta por controlar el territorio del histórico narcotraficante capturado el pasado enero tras huir de la cárcel, un enfrentamiento en el que también están implicadas diferentes grupos dentro del propio cartel. La lucha es especialmente cruda en la frontera, donde ha provocado ya decenas de desplazados. Lo que es obvio es que unos de los que han ganado más poder últimamente son los CJNG. La BBC apunta que en solo cinco años han desplazado al poderosos cartel de Los Caballeros Templarios, además de haber desalojado a los Zetas del norte de Jalisco.

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